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Idaira Medina Toledo, la niña que llegó volando

   
Los padres, Gilberto y Vanessa, posan con la pequeña Idaira, ya en el hospital. / ANDRÉS GUTIÉRREZ El helicóptero trasladó al bebé al Hospital de La Candelaria. / DA
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Los padres, Gilberto y Vanessa, posan con la pequeña Idaira, ya en el hospital. / ANDRÉS GUTIÉRREZ
NORBERTO CHIJEB | Arico

Idaira llegó ayer al mundo volando. La matrona tenía la fecha señalada para que su madre, Ana Vanessa Toledo, de 35 años, diera a luz, pero un registro un día antes indicaba que todavía faltaba una semana para el acontecimiento, tanto que ayer mismo tenían pensado caminar por la playa de El Médano, en Granadilla de Abona. Sin embargo, la matrona no se equivocó.

Eran poco más de las ocho de la mañana en El Río de Arico cuando Gilberto Medina (40 años), el padre, despedía a su hijo mayor, de 20 años, que se trasladaba a trabajar y a su pequeño de 12 años que acudía a la parada de guaguas camino del instituto de Arico. Gilberto le daba un beso a su mujer y como casi todas las mañanas cogió el coche y se fue al bar a tomarse un cortado, leer el periódico y comprar el pan. Entonces recibió un wasap de su esposa: “Ven ya, que tengo una contracción”. En cinco minutos, Gilberto ya estaba en su casa, en un adosado de dos plantas. “Subí a nuestra habitación y la ayudé a lavarse y vestirla, pero cuando intentó bajar las escaleras no pudo. Me vi impotente. Se acercó un vecino y llamó al 1-1-2. Mi mujer se acostó entre el sillón y una alfombra y me gritó: ven, ven, que ya viene. Bájame el pantalón y trata de sacar el bebé”, detalla, emocionado, Gilberto, que prosiguió su relato: “Metí la mano, vi que estaba allí la cabecita y jalé por ella con cuidado. Salió enseguida, pero me asusté al ver que no lloraba”. Entonces Ana Vanessa, su mujer, le espetó: “Ponla boca abajo y dale una nalgada”.

La niña lloró y la casa se convirtió entonces en un ir y venir de gente, desde la Policía Local y la Guardia Civil hasta un grupo de vecinos, poco antes de que apareciera una ambulancia y un helicóptero medicalizado del Servicio de Urgencias Canario (SUC), que finalmente trasladó a la pequeña Idaira y a sus padres hasta el Hospital Universitario de Nuestra Señora de Candelaria (HUNSC), donde quedaron ingresados en perfecto estado de salud, tanto la madre como la recién nacida.

Gilberto Medina, que reconoce que Idaira “llegó de penalti”, mantenía ayer tarde la emoción de los momentos vividos, mientras recibía las felicitaciones del personal del centro hospitalario, que él quiso devolver, porque “todos han demostrado ser unos grandes profesionales y solo tengo palabras de agradecimiento por cómo nos han tratado”, relataba el feliz padre ya de una familia numerosa.