X
nombre y apellido>

José Luis Gómez – Por Luis Ortega

   

En estos días de otoño, Miguel de Unamuno recorre otra vez la isla ocre y gris del destierro. Léase, el titular del sillón Z de la Real Academia Española, director del teatro La Abadía, cómico en la mejor versión del término, con espléndido recorrido en el teatro y una filmografía variada y exquisita, da voz, rostro y cuerpo al Rector de la Universidad salmantina, represaliado por la Dictadura-“Directorio la llamaba el truhán”- del jerezano Miguel Primo de Rivera. Tras superar muchas dificultades, se materializó un proyecto de Manuel Menchón -guionista y realizador de publicidad y documentales- que, desde 2009, cuando descubrió Fuerteventura y la estancia forzada del escritor, concibió la recreación cinematográfica y buscó al intérprete idóneo del intelectual vasco, calificado con acierto como un “predicador sin doctrina, más ocupado en conmover que convencer y más dispuesto a inquietar que a divertir”. Determinados dos escenarios imprescindibles en el desarrollo de la historia -la playa del Cotillo, que guarda construcciones primitivas, y Betancuria, “la enjalbegada tumba”- se localizaron otros espacios que resistieron el paso del tiempo sin cambios substantivos -las vastas llanuras, los volcanes y sus erosionados dominios, los pueblos fundidos en las distancias, el anillo marino y los rincones de Puerto de Cabras que subsisten en el actual Puerto del Rosario- y realizado el casting de extras, comenzó una aventura que, evidentemente, tiene más calado cultural que pretensión mercantil. El reto del cineasta es transmitir la identificación del desterrado con el paisaje de su castigo, la reproducción de los aspectos del mar con sus estados de ánimo, y la metáfora de eternidad que le transmitió el Atlántico en sus bajadas y subidas. Para ello cuenta con los testimonios del autor de la más profunda lectura de Maxorata y con la solvencia de José Luis Gómez (Huelva, 1940), nuestro más cualificado actor y director teatral en cuya carrera se incluyen, además, trabajos con directores como Ricardo Franco (con el que cuajó un inolvidable Pascual Duarte, premiado en Cannes en 1976), Jaime de Armiñán, Eloy de la Iglesia, Gonzalo Suárez, Manuel Gutiérrez Aragón y Pedro Almodóvar, entre los españoles; y Milos Forman y Joseph Lossey, entre los europeos. Ese es el mejor aval para narrar, con imágenes y sonidos, un episodio vital que determinó, desde entonces, la existencia de un español obstinado en la regeneración nacional con los instrumentos del credo católico y el patriotismo capilar y todas las oposiciones razonadas y viscerales que encontró en su camino.