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Manosear los impuestos – Por Francisco Pomares

   

El debate este que nos estamos montando por estas latitudes sobre lo de subir y bajar los impuestos es otra tomadura de pelo más, a la que vamos a vernos arrastrados sin remedio: el PP anuncia que piensa bajar impuestos en todo el país y Rivero se descuelga con la obviedad de que deben pagar más los que más tienen, y -por tanto- saca pecho y advierte que el Gobierno que aún preside hará lo que tenga que hacer para evitar que los que tengan más paguen menos. Boberías: ni el PP va a bajar los impuestos más allá de lo meramente cosmético, ni el Gobierno de Canarias dispone de medios para reequilibrar esa supuesta bajada. Lo más que puede hacer Rivero es jugar con el tramo autonómico del IRPF, pero eso no afecta a los ciudadanos, sólo serviría para compensar la bajada de ingresos de ingreso del Gobierno. Esto de pasarse el día manoseando los impuestos es un debate sólo para políticos y otros tontos útiles. Si de verdad quieren facilitarle las cosas a la gente que menos tiene, que bajen el IVA (o en Canarias el IGIC) que bajar ése impuesto si es competencia del Gobierno regional. Porque cuando una pensionista de 500 euros compra por las mañanas su barra de pan, paga por ella el exactamente el mismo IGIC que paga el ciudadano más rico de Canarias. Pero de bajar el IGIC no habla nadie, porque bajarlo supone para el Gobierno dejar de ingresar una pasta gansa y absolutamente necesaria para sostener sus estructuras y servicios. En realidad, ahora que los países locomotora de Europa se enfrentan al riesgo de una nueva recesión, y ahora que por fin el Banco Central Europeo ha decido crear las condiciones para que el crédito llegue de nuevo a las familias y las empresas (lo que era malo cuando le hacía falta a los manirrotos países del Sur se ha convertido en catecismo económico cuando lo necesitan los eficientes gobernantes del Norte), la política fiscal no debería insistir en tocar y retocar los impuestos, sino en revisar las políticas de contención y ajuste, aumentar la deuda pública y resucitar el gasto público. Esa es probablemente la dirección que va a adoptar Europa (es la que le funcionó bien a Obama en Estados Unidos) y es la que debería comenzar a aplicarse sin dilación en España, ahora que el señor Dragui va a empezar a hacer la vista gorda, porque los que de verdad gobiernan Europa se lo han pedido. A ver si la política española se apea de lugares comunes y debates inservibles y adapta el discurso -y la práctica- a las nuevas contingencias. Si no ocurre seguimos dando palos de ciego.