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El momento de Canarias – Por Fernando Clavijo Batlle*

   

Si hay un territorio dentro del Estado al que no se le puede negar su singularidad, ese es Canarias. Y tal vez este sea un momento tan bueno como otro cualquiera para asumir que ya ha llegado nuestro tiempo, que significa, ni más ni menos, que ya es hora de que cojamos las riendas de nuestro futuro, toda vez que hemos comprobado que, de no actuar, nadie va a hacerlo por nosotros. Y si es nuestro momento, si, como hemos comprobado, nos toca bregar en esto sin ayuda, hagámoslo, sabiendo que cuando lo peor haya pasado habremos salido reforzados y con la dignidad intacta. Por estas tierras no estamos acostumbrados a que nos regalen nada, ni a conseguir algo que no vaya precedido de un enorme esfuerzo. La naturaleza nos hizo islas -fortunatae, afortunadas, decían los antiguos- alejadas del centro al que políticamente pertenecemos, y eso ha marcado, de manera irreversible, nuestro devenir. A lo largo de los siglos, hemos conseguido grandes logros aún cuando las cosas no venían de cara y las circunstancias eran, incluso, más difíciles que las actuales. Hemos sobrevivido a crisis sucesivas en todos los sectores, al aislamiento que nos impone el océano y eso, sin duda, nos ha fortalecido. Logramos grandes cosas en otras épocas. Tuvimos hitos gloriosos en lo cultural. Conseguimos mantener la esperanza a pesar de que parecía que todo se ponía en contra: la lejanía, el olvido, la necesidad. Somos diferentes y ese es un hecho incontestable, pero eso no quiere decir que seamos mejores, ni peores. Simplemente, significa que debemos seguir luchando, juntos, por defender esa singularidad, por hacer que se comprenda, en toda su dimensión, fuera de nuestras fronteras. Pero, por encima de todo, debemos aprender a usarla en nuestro propio beneficio y para nuestro desarrollo como pueblo, porque es nuestro futuro el que está en juego. No somos menos listos, ni estamos menos preparados que en otros territorios. Ese es un discurso agotado y cansino que, además de no ajustarse a la realidad, no nos lleva a ninguna parte. Nuestra juventud es la más formada que hemos tenido, eso es indiscutible. Una tierra como esta, con nuestra riqueza natural, no puede resignarse a las cifra de desempleo actuales. Estamos perfectamente preparados para los retos a los que nos enfrentamos, solo tenemos que usar las herramientas de las que disponemos para avanzar en nuestro crecimiento, para activar nuestra economía y que ello nos permita, consecuentemente, que se cree empleo y se active el consumo, lo que, como fin de esta cadena, nos va a permitir mantener el Estado del Bienestar, tan magullado en los últimos años. Ineludiblemente, tenemos unas condiciones de partida distintas, que deben ser asumidas y, sobre todo, comprendidas. Y creo, con sinceridad, que es nuestra obligación como pueblo revertir la situación y convertir en ilusión, en ganas de avanzar, lo que hoy vemos como obstáculos. Para ello, es fundamental que estemos unidos, que hagamos equipo. La unión de los canarios, de cada una de las Islas, sin importar lugares de procedencia o creencias, solo puede traer cosas buenas. Está en nuestra misma historia y en la historia del mundo: los mayores logros, en épocas difíciles, se han hecho desde la unión, desde la generosidad, desde la solidaridad, el respeto y el trabajo común. Entendamos que nuestra singularidad es una riqueza y, rompamos, entre todos, con la idea de que somos un territorio quejumbroso, que siempre reclama atención. Seamos nuestro propio centro. Pensemos en salir adelante a golpe de inventar nuevas oportunidades, de luchar porque nuestros hijos no vivan peor de lo que vivimos nosotros. Con ganas de que esta tierra, tan singular y a la que tan unidos estamos, siga avanzando.

*CANDIDATO DE CC A LA PRESIDENCIA DEL GOBIERNO DE CANARIAS