X
tribuna >

La plaza del Príncipe, la Banda Militar y Martín Domingo – Por José Manuel Padilla Barrera

   

Mañana viernes, 10 de octubre, la Unidad de Música del Mando de Canarias -para entendernos, la que antes todos conocíamos como la Banda de Música del Regimiento de Infantería, o más fácil, la Banda Militar de Música- dará un concierto en la plaza del Príncipe de Santa Cruz de Tenerife con motivo del Día de la Fiesta Nacional. Para ser correctos, habría que decir plaza del Príncipe de Asturias, que es como realmente se llama y como fue inaugurada, aunque todavía era un descampado que había sido huerta, el 8 de diciembre de 1857, solo 10 días después del nacimiento de Alfonso XII, de ahí su nombre. Lo sorprendente es que esta denominación se la dio un ayuntamiento que se declaraba republicano, confirmando así esa aureola romántica que rodeaba a la política española de la segunda mitad del siglo XIX.

Como ocurría en todas las poblaciones españolas que se preciaran, la plaza principal era un lugar apropiado para celebrar conciertos, actos culturales, al mismo tiempo que sociales, donde la gente acudía para ver y dejarse ver. Ese fue el caso de la plaza del Príncipe y en la década de los 80 del siglo XIX, se daban en ella dos conciertos semanales, uno de ellos, normalmente, a cargo de la banda del Batallón de Cazadores de Tenerife Número 21, que un poco más tarde pasó a ser el Regimiento de Infantería de Canarias Número 1. Ya en la segunda década del siglo XX , en Santa Cruz se implantó la costumbre de que todos los domingos hubiera dos conciertos, uno matinal, de once a una, en la plaza del Príncipe, donde actuaba la Banda de Música del ahora denominado Regimiento de Infantería Tenerife Número 64, y otro nocturno que interpretaba la Banda Municipal, de nueve a once, en la plaza de la Constitución (hoy de la Candelaria).

Domingo tras domingo la banda militar amenizaba el paseo mañanero de los chicharreros, siempre con un buen nivel de interpretación, pero el domingo 22 de junio de 1919 ocurrió algo que rompió con la normalidad de los sucesivos conciertos. Ese día el programa acababa con un pasodoble torero titulado La Mezquita, cuyo autor era José María Martín Domingo. Era la tarjeta de presentación de este joven músico que acababa de incorporarse para ser el nuevo director de la banda militar.

El concierto de esa mañana mereció una crítica, cosa no habitual, del periódico El Progreso: “La fama que precede al señor Martín Domingo no es falsa, una obra tan conocida como Alma de Dios ayer no la conocíamos, tal fue su magistral ejecución”. El buen hacer de su director hizo que las actuaciones de la Banda del Regimiento constituyeran un verdadero acontecimiento musical, hasta llegar a calificarle como “la mejor agrupación cultural de la provincia”. Los aficionados, entusiasmados, solicitaban con notas en los periódicos las piezas que deseaban que se interpretaran el siguiente domingo.

No de forma continua pero sí significativa, la banda militar actuaba también en pueblos como La Orotava, Tacoronte o Icod. Ocho conciertos dio en la villa norteña en septiembre de 1920, y para cerrar el ciclo con broche de oro estrenó una composición suya, el himno del Regimiento de Infantería Tenerife Número 64, obra que posteriormente se perdió pero que ha sido felizmente recuperada. Precisamente, el 10 de octubre, el mismo día y en el mismo lugar en que la Banda del Mando de Canarias dará su concierto, solo que en 1920, Martín Domingo dirigía el suyo mañanero pero sobre un templete de madera mucho más pobre que el actual que data de 1930. En él, dentro de un gran programa, incluía su pasodoble Lagartijilla, que había estrenado en Madrid en 1909, compuesto en honor de un banderillero con ese apodo. Se da la feliz circunstancia de que 94 años después el capitán director de la banda militar Miguel Ángel Mateo Gijón, programa en su concierto otro pasodoble, La kermes de las Vistillas, cuyo autor es precisamente José María Martín Domingo. Este pasodoble fue compuesto ya en su etapa de subdirector de la Banda Municipal de Madrid. Añade también el capitán una marcha La toma del Gurugú, del gran músico militar Pascual Marquina, consuegro de Martín Domingo, ambos reconocidos como los maestros del género español del pasodoble.

El siguiente concierto, fue muy especial, porque el público santacrucero tuvo ocasión de escuchar por primera vez, con cornetas y tambores, el pasodoble original de Martín Domingo Ven, Cirila, ven… Se trataba de la versión para banda de una canción ingeniosa y pícara que se haría muy popular en toda España, tanto que años más tarde, en 1929, todavía se seguía anunciando su disco como el pasodoble de moda, se cantó en los dos bandos de la guerra civil y la cantarían tonadilleras, cupletistas, tunas y coros de soldados a lo largo de muchos años, y hasta Conchita Velasco en una película. Las cornetas y tambores servían para realzar el toque reglamentario de Llamada a oficiales, que es el tema central de la composición. El músico mayor, ese era su cargo, José María Martín Domingo, puso un brillante colofón a su actuación como director de la Banda Militar de Tenerife, estrenando en su último concierto en la plaza del Príncipe la mañana del 14 de noviembre, el pasodoble Icod, una bellísima pieza musical inspirada en el folclore canario, que hizo saltar de sus asientos a un público enfervorecido.

El programa del concierto de mañana de la Banda Militar de Música en la plaza del Príncipe, que lo largo de muchos años ha venido a ser algo así como su hábitat natural, promete que tendremos una tarde de música espléndida, desde los alegres pasodobles a la espectacular interpretación que la banda hace bajo la dirección del capitán Mateo de la obra de Cristóbal Oudrid El sitio de Zaragoza.