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el revés y el derecho>

El poder de la autoestima – Juan Manuel Bethencourt

   

Un país que no se quiere un poco a sí mismo no progresa jamás. La frase se la escuché a Lula da Silva en Madrid, creo que fue en la primavera de 2010, en una conferencia organizada por El País, y a la que tuve acceso gracias a tu amable mediación, querido Juan. Es cierto. La autoestima es muy necesaria, en todos los órdenes de la vida, en los planos individual y colectivo. Claro que la autoestima no se puede confundir con la vanidad, que creo es el pecado capital menos temido de todos, cuando sus efectos son palpables en la historia misma de la humanidad; los delirios de grandeza de un solo sujeto arrastran a generaciones enteras hacia el desastre. En un escenario felizmente menos trascendente, el fútbol, el Tenerife ganó el derbi canario porque jugó con personalidad y sin complejos. Sin embargo al conjunto amarillo, la UD Las Palmas, lo vi un poco sobradito, es decir, vanidoso tras su buena suerte reciente. Es cierto que fomentar una buena disposición anímica es parte del trabajo que todo entrenador, o cualquier líder político, está llamado a hacer en el desempeño de sus funciones. Esto Lula lo logró sin aparente esfuerzo con ese gran y complejo país que es Brasil, aunque en este caso hablamos de un gigante de la política con décadas de trayectoria previa, que le permitieron construir un discurso integrador y optimista. Creo que, en particular, la tarea de alcalde exige la necesidad de erigirse en inspirador de las mejores energías colectivas, más aún cuando la cercanía convierte al ciudadano en convecino. Las ciudades que son capaces de mantener a flote su autoestima son también las más prósperas y tolerantes, porque en ellas se dan las condiciones para que las cosas buenas ocurran, a través de procedentes de la sociedad y no de ningún ánimo dirigista. En el fútbol, y en la política, creo en esto, querido amigo: en generar el escenario, las condiciones, para que salga lo mejor de cada cual. Y si esto es ser un liberal, pues soy un liberal. El Tenerife así lo hizo el pasado domingo, y por eso ganó el clásico canario.