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Populismo positivo – Por Cecilio Urgoiti

   

Quien al cielo escupe, a su cara le cae. En la vida política de este país ese escupir metafórico diario no resultaría muy provechoso si nos dirigimos a las hemerotecas. Viene a cuento esto de la de veces que he leído en estas últimas semanas la palabra populismo y en la totalidad de los casos de forma despectiva y con un desprecio y expresión de asco. El populismo habría de verse en sentido positivo y teniendo en cuenta la etimología de la palabra, que no es otra que emanación del pueblo o popular, pero nunca populacho que es donde le llevan con ese trato, queriendo demostrar lo ínfimo de la plebe, pero obviándose ellos que siempre han sido pueblo llano como todos. De tal forma, que populismo lo que define es un sistema en el que el poder recaiga más en el pueblo, no en que los políticos profesionales gobiernen para la mayor comodidad del pueblo. Si lo llevamos al romano paladino, la política la hacemos todos y ese todo, elige unas élites, que en ningún momento se han de separar del pueblo, pues forman parte del conjunto. De ahí que estemos oyendo el término populismo en boca de esa separada sociedad que fue colocada por y para servir al todo. Hay una caricatura de los conquistadores españoles haciendo su entrada, con armas relucientes, en el Nuevo Mundo. “Hemos venido a vosotros para hablar de Dios, de la civilización y de la verdad”. A lo que rebate un grupo de nativos con aire perplejo: “Muy bien, y ¿qué queréis saber?”… Pues eso, es el mismo populismo que los investidos de la autoridad parlamentaria que se arrogan, van imponiendo como dogma superior sin darse cuenta en el error que caen. El señor Sánchez estos días se ha dedicado a visitar platós de televisiones, incluso entrando en directo por teléfono en uno de ellos, en un programa de discutido formato cultural. Contradiciéndose asimismo, ya que el populismo negativo que achaca a Podemos, no se lo aplica bajo ningún concepto, pues como si fuera un conquistador, de los citados anteriormente, se ve en uso de una verdad que le invistió una elección de Secretario General, como si eso fuera un Nobel de Ciencias y no el de Obama de la paz, que tiene tela marinera el sujeto en cuestión, a quien Sánchez trata de emular. En política los populismos de signo negativo han acabado siendo auténticos desastres en el pasado siglo, casi arrastrados por aquel romanticismo del XIX, impregnándose del nacionalismo que llevó a Europa a dos guerras de corte mundial. Nunca ha sido bueno adelantar acontecimientos y menos jugar a adivino, pero empezar, sin todavía ser conocido, arremetiendo contra todo lo demás a excención de quien mal dirige hoy los destinos de la nación, creo que se equivoca, pues el campo de batalla está en ese limitado concepto democrático que llaman constitución y también votos que aun habrá que afrontar, a fin de demostrar quién es.