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Presupuestos de 2015 – Por Leopoldo Fernández

   

Los Presupuestos del Estado son, siempre se ha dicho, la ley más importante de cada año. Algo así como el instrumento básico de la política económica, el programa de ingresos y gastos de cada ejercicio, el apoyo sobre el que se asientan todas las políticas gubernamentales. Se trata de un acto trascendental para cada comunidad autónoma en tanto en cuanto determina las aportaciones estatales, subversiones incluidas, y su distribución por capítulos. Para Canarias, prácticamente todas las grandes partidas mejoran relativamente la contribución estatal, pero ni por asomo son satisfechas las aspiraciones isleñas; especialmente, en lo que se refiere a la inversión pública media, de tal modo que un año más se incumple el REF y se deja al Archipiélago a la cola de España en este importante capítulo. Por no hablar del ya crónico déficit de financiación, culpa en buena medida de la pésima y conformista negociación con el Estado llevada a cabo durante el mandato de Rodríguez Zapatero, y en otra parte atribuible a las pésimas relaciones del Gobierno autonómico con el Ejecutivo de Mariano Rajoy. Tampoco son atendidos los compromisos inversores de distintos convenios suscritos entre el Estado y la comunidad canaria. Duele sobre todo el incumplimiento, un año más -y ya van tres-, del convenio de carreteras, que deja a Tenerife sin el cierre del anillo insular, con los siguientes perjuicios para la conectividad y la movilidad de los ciudadanos. Como suele ser habitual en estos casos, al Ejecutivo canario sólo le falta jurar en arameo para descalificar las partidas dedicadas a Canarias, mientras al PP le parece de perlas la proyección social de los Presupuestos y más que nada las cantidades dedicadas a puertos, aeropuertos y vivienda. Si no fuera por los impuestos del REF, que han de tapar los agujeros que deja el Estado, Canarias no podría aguantar ajustes tan draconianos. He echado un vistazo a un decena de periódicos locales de otras tantas comunidades autónomas y en todos los casos se ha producido la misma reacción: nadie está satisfecho con la asignación estatal, ni siquiera aquellos territorios en los que manda el partido del Gobierno. Curiosamente, tampoco nadie entiende que, pese a ciertas modestas perspectivas de mejora económica, el país necesita seguir con el cinturón bien apretado. No hay dinero para tanta necesidad; ni siquiera somos capaces de recortar suficientemente el déficit público, que en 2015 va a superar el 100% del PIB, con la friolera de 1,05 billones de euros. Sólo las pensiones -que apenas van a subir un 0,25%- necesitan 130.000 millones de euros. Y 35.500 millones el pago de los intereses de la deuda, que sigue creciendo, imparable. Y 25.000 millones más el desempleo…