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Ligeros de equipaje>

Relación tóxica – Por Wladimiro Pareja Ríos

   

No sé por qué siempre estamos discutiendo, por qué necesitamos estar constantemente luchando por cada parcela de la relación a ver quién gana, todo es motivo de pelea incluso por mi forma de fregar los platos, o por mi modo de comer, o por cómo me visto, o por… da igual. Si yo digo ‘A’ ella dice ‘B’ y de nuevo a pelear”. Así comenzó Carlos a hablar sobre su relación de pareja y el desasosiego en el que vivía al volver a casa cada día. Y no es que no la quisiera, pero se habían quedado en una relación de destrucción mutua, como dos perros que luchan por un hueso que no quieren compartir para saciar su hambre. Otro ejemplo es el de Paula, una mujer de mediana edad cuyo patrón es decir “sí” a todo lo que su compañero propone; tiene un carácter sumiso que le ha quitado toda su capacidad de decisión: cada vez que no está de acuerdo con algo, no se atreve a contradecir los deseos de su marido. El resultado es que en su interior ha ido creciendo el rencor y el resentimiento porque dice no sentirse tomada en cuenta. Sus esfuerzos no están dirigidos a ser ella misma sino a evitar la confrontación. En general son relaciones en las que hay manipulación, engaños, sumisión, problemas de comunicación y que provocan frustración y sentimientos de infelicidad. ¿Por qué nos quedamos en la relación tóxica? Por muchos motivos, entre los que encontramos el miedo a quedarnos solos, en muchos casos porque albergamos la esperanza que, aunque tras largos años de conflictos repitiendo los mismos patrones de conducta, vamos a conseguir resultados diferentes, también por representar un rol social de esposo o esposa que priorizamos antes de ser nosotros mismos, esto es: soy la mujer de fulanito de tal o el maridito de. Otra posibilidad viene determinada por el miedo al cambio, el dicho popular: “Mejor malo conocido que bueno por conocer”, expresa a la perfección esta idea, de esta manera nos quedamos maniatados en una relación que no nos ayuda a crecer y que nos intoxica por miedo a lo nuevo, a sentirnos perdidos y vulnerables. Porque “aunque lo que tengo me hace muy infeliz, ya es predecible y lo controlo”. Muchas personas que van a las consultas de los psicólogos dicen querer una relación armoniosa y equilibrada pero en su búsqueda se relacionan con personas altamente inestables que lógicamente con el tiempo lo que irán provocando es una sensación de montaña rusa en la relación. Habría que tomar consciencia de qué tipo de relación tenemos y cuál ansío en realidad, tomar la decisión de cambiar los patrones que nos limitan y nos hacen quedarnos en la relación tóxica, es decir, no resignarnos a ella. El otro miembro de la pareja ha de reflexionar igualmente y hacer los cambios oportunos: la relación es asunto de los dos y ambos han de acometer cambios, pues ambos tienen responsabilidades en el mal funcionamiento de la misma. Sería importante descubrir que somos libres para decidir qué tipo de relaciones queremos y con quién nos relacionamos.
*PSICÓLOGO
wladimiropareja@gmail.com