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¿Se retrasó tu vuelo? – Por Nayra Aguiar*

   

Cuando decidimos viajar en avión solemos escoger este medio de transporte frente a otro por su rapidez; pagamos por viajar una distancia en un tiempo determinado por lo que una pérdida de tiempo nos puede convertir en perjudicados. Si nos presentamos en el aeropuerto dentro del tiempo estipulado por la compañía (con nuestra reserva o billete de avión) y al llegar vemos que nuestro vuelo sufre un retraso, se activan los mecanismos de protección de consumidores. ¿Qué obligaciones tienen las compañías aéreas en estos casos? En primer lugar, hemos de ser informados del motivo del retraso y se nos ha de proporcionar tanto hojas informativas de nuestros derechos como hojas de reclamación. En segundo lugar, cuando suframos un retraso de dos horas para vuelos de menos de 1.500 kilómetros, o de 3 y 4 horas en vuelos de distancias superiores, la normativa europea contempla que tendremos derecho a asistencia, que obliga a la compañía a ofrecernos comida y refrescos suficientes en función del tiempo que sea necesario esperar; además, nos ha de ofrecer dos llamadas telefónicas, télex, mensajes de fax o correos electrónicos. Si el vuelo se retrasa mínimo hasta el día siguiente, la compañía nos ha de proporcionar alojamiento en un hotel así como el transporte. En tercer lugar, si nuestro vuelo sufre un retraso de más de 5 horas tenemos derecho de reembolso. Esto nos permite escoger entre no volar y que se nos devuelva el coste íntegro del billete, o una ruta alternativa, incluso en fechas posteriores. Lo que la mayoría de gente se preguntará es: ¿tenemos derecho a ser indemnizados? Sí, aunque ni el reglamento ni muchas compañías en sus hojas informativas lo pongan. Gracias a una sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea, si nuestro vuelo se retrasa más de 3 horas siempre tendremos derecho a una compensación cuando el retraso no se deba ni a circunstancias extraordinarias ni se haya avisado con suficiente antelación. Desde aquí animo a los consumidores a reclamar, puesto que aunque parece una vía lenta, hay que romper los prejuicios de que las reclamaciones no sirven para nada. Sirven, y lo más importante, ayudan a mejorar la protección de los consumidores.
*GOYA ABOGADOS