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Sensibilidad social – Por Jaime Rodríguez-Arana*

   

Una de las características de la civilización europea, tal y como se conformó desde hace tantos siglos, es, junto al gusto de por el pensamiento -heredado de la filosofía griega- al compromiso con la justicia -proveniente del derecho romano- , la solidaridad de matriz cristiana. Efectivamente, la capacidad de ayudar al otro, de salir de uno mismo para hacerse cargo de las necesidades de los demás informó, y de qué manera, la identidad de un continente que desde su inicio hizo de la solidaridad una de sus principales banderas. Hoy, sin embargo, el elevado grado de mercantilismo y de obsesión por el dinero, y el poder, que se ha enseñoreado del viejo, y enfermo continente, refleja una notable y preocupante ausencia de solidaridad en términos generales.

Hasta tal punto, que las políticas públicas de solidaridad, a pesar de la que está cayendo, son muy reducidas y, en algunos casos, sometidas a dramáticos recortes que afectan de manera inquietante a las condiciones de vida de los más pobres y desvalidos de los habitantes. Menos mal que existen instituciones sociales de base privada e inspiración cristiana como Cáritas que están jugando un papel tan relevante como escasamente valorado por muchos gobiernos europeos. Para que nos hagamos una idea de la acción de Cáritas en España, resulta que desde 2007, en los prolegómenos de la crisis, hasta 2011, el montante de las personas beneficiadas por la acción social de la institución se ha triplicado. Hemos pasado de 370.000 personas en 2007 a 1.001.761 en 2011. En 2011 se registraron nada menos que 300.000 nuevos pobres. En 2012 se atendieron en esta ONG 1.904.737 ciudadanos y en 2013 se dio asistencia a 2.513.563 personas, lo que supone un incremento respecto a 2012 de 608.826 seres humanos.

Sorprende, y mucho, que las ayudas públicas a esta ONG, a pesar de la crisis que abruma a tantas y tantas familias, hayan bajado hasta los 73 millones de euros. Mientras, las donaciones y aportaciones privadas ascienden a 218 millones de euros, el 75% de las cantidades con la que trabajó Cáritas durante 2013. Los voluntarios, es un dato esperanzador, aumentaron en un 30%, llegando a los 18.000 efectivos. Las personas que acuden a Cáritas, en su mayoría entre 30 y 40 años, son fundamentalmente personas solas, jóvenes matrimonios con hijos o pertenecientes a familias monoparentales, que solicitan ayuda fundamentalmente para alimentación y para el pago de facturas caseras.

La tendencia se orienta al crecimiento de las peticiones de ayuda y de las personas que se acercan a la ONG de la Iglesia Católica con el fin de recibir asistencia social. Mientras, los gobiernos reducen sus políticas sociales a la vez que mantienen, que gran contradicción, una estructura política tan elefantiásica como superflua. Se observa, y de qué manera, que el repliegue de los sistemas públicos de protección social es seguido, qué pena, por el desgaste de los mecanismos de protección y ayuda social de las familias. Ante todo está la eficacia real de cada institución. Unas aumentan su compromiso con los más pobres o necesitados y otras lo reducen para mantener una estructura pública irracional que solo se “justifica” para dar acomodo a miles y miles de adeptos y afines. Así nos va, claro.

*CATEDRÁTICO DE DERECHO ADMINISTRATIVO
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