X
tribuna >

El vino en Tenerife – Por Carlos Alonso Rodríguez

   

Hay un tiempo para cada cosa. Pero vivimos una época en la que todo se tiene que producir deprisa. Nacemos deprisa, vivimos deprisa y a veces, desgraciadamente, morimos deprisa. Pero la vida, la auténtica vida, es lo opuesto de la urgencia. La verdadera vida crece y se arraiga lentamente, como las semillas que plantamos en la tierra o como los buenos vinos que maduran en las barricas. Durante estos días se han escuchado muchas voces hablar del vino en Tenerife. Las he escuchado todas. El sector atraviesa momentos difíciles y el terreno estaba abonado para que comenzara un incendio al saltar la más pequeña chispa. Y saltó. Salto con algo que desde el Cabildo, con toda contundencia, hemos considerado un error garrafal; la importación de vinos peninsulares para mezclar con caldos de la isla para adecuarlos a su venta como vinos de mesa. El Cabildo de Tenerife no entró en el sector para esto. Acudimos en auxilio de cooperativas y bodegas para ayudarles. Ese ha sido el espíritu y la misión con la que la corporación insular decidió impulsar el desarrollo del sector vitivinícola en la isla. Las acusaciones que algunas voces sensatas del sector han hecho públicas, lamentándose del incidente protagonizado por Bodegas Insulares, son por lo tanto perfectamente razonables. Pero como siempre ocurre, a río revuelto ganancia de pescadores. Así que en el debate, los justos reproches y las explicaciones, se han colado sibilinamente algunas otras intenciones inconfesables. Vamos a poner las cartas boca arriba. Bodegas Insulares ha hecho algo que no debía hacerse. Se han tomado las medidas necesarias y oportunas. Hemos tenido, a nivel interno, una dura discusión que tal vez hiciera falta. No hay mal que por bien no venga. A veces las buenas intenciones, los propósitos y los objetivos se van reblandeciendo con el paso de los años y es necesaria una sacudida para que la gente se despierte. Pero luego hay otros asuntos detrás de todo esto. Hay una marca que pretende implantarse en el mercado interior y exterior de las islas, que se ampara bajo el paraguas de la Denominación de Origen (DO) Islas Canarias. A ella pertenecen algunas bodegas de nuestra isla. Y existen las D.O. comarcales de Tenerife a las que queremos añadir la D.O. Isla de Tenerife. ¿Hay interés en que no salga adelante la D.O. de Tenerife? ¿Existe el propósito de impedir de alguna manera la existencia de una Denominación de Origen Insular? En 1992 nació Bodegas Insulares para impulsar un sector que estaba por nacer. Poco a poco, como se hacen todas las cosas que merecen la pena, se fue creando un sector que es ejemplar. Un sector que cuenta con empresarios de éxito, con marcas ya famosas, con vinos espléndidos que son un orgullo para Tenerife y que se venden en el mercado nacional e internacional. Sólo en los últimos tres años Bodegas Insulares de Tenerife ha comprado uva a los viticultores de Tacoronte-Acentejo y de Ycoden-Daute-Isora por valor de 3,8 millones de euros. Bodegas Insulares tiene previsto comprar este año unos 800.000 kilos de uva a los viticultores de la Isla por más de un millón euros. El consejo de administración acordó hace más de un mes incrementar la previsión inicial dado el excedente de uva y ante la imposibilidad de los bodegueros de adquirir tales cantidades. Quiero decir con esto que el Cabildo no se ha enajenado de su tarea. Y que entre los objetivos que nos hemos marcado está la creación de un mercado local de guachinches, para dar salida al vino a granel, y la irrenunciable creación de una denominación de origen para la Isla de Tenerife compatible con las comarcales y con la de las Islas Canarias. Una más a la que se podrán acoger nuestros bodegueros. Una más que vamos a promocionar, junto a las comarcales, en nuestras futuras campañas de difusión de los vinos de Tenerife. Una más pero no una menos, como tal vez alguien pudiera ocultamente desear. Y si ese alguien existiera tendrá que ir aceptando, más pronto que tarde, que la D.O. Isla de Tenerife es irrenunciable. “La vida es un vino amargo, dulce en jarra compartida. Que los que nadan pa dentro se ahogan solito en la vida”. Bien decía la canción. El vino de Tenerife es una jarra que hemos llenado entre todos. Es un éxito de todos. Un logro de todos. Dejemos que quien quiera nade solo para adentro y sigamos nosotros trabajando juntos por nuestro vino. Llegará el tiempo en el que el concurso del Cabildo ya no será necesario. Y entonces, sólo entonces, llegará el tiempo de irse. Será la mejor señal del éxito definitivo de nuestro proyecto.

*PRESIDENTE DEL CABILDO DE TENERIFE