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Al golpito>

Abusos de poder – Por Rafa Lutzardo

   

La llegada de Jorge Mario Bergoglio como papa y jefe de Estado de la Ciudad del Vaticano ha supuesto un revulsivo en la Iglesia Católica en muchas partes del mundo. No es nada nuevo escribir sobre los casos de abusos sexuales a menores de edad que se sucedieron siempre allí en donde niños y adolescentes estaban en contacto con religiosos, de la misma manera que sucede en otro tipo de organizaciones o sectas con responsabilidad de sus cuidados o que estaban en contacto frecuentes con los mismos. La confianza que los ministros de la Iglesia generan entre los laicos facilitó en la mayoría de las ocasiones el obrar de abusador en parroquias, seminarios, orfanatos, hospitales y organizaciones de trabajo social. En muchos casos, las víctimas no recibieron atención inmediata. Incluso, por parte de sus familiares debido al respeto que estas les tenían a los implicados, especialmente en la época de las dictaduras y por temor a la ignorancia. Recientemente, el papa Francisco se interesó por un joven granadino al cual le pidió perdón en nombre de toda la Iglesia de Cristo por las múltiples violaciones que sufrió a lo largo de su infancia por parte de muchos corruptos y miserables ministros de Cristo. Pese al gran esfuerzo que está realizando el papa argentino por “lavar” la cara o la imagen de la Iglesia, ésta sigue siendo un bulto sospechoso para millones de personas. La corrupción de la banca personal del Vaticano, el desafío silencioso de algunos de sus ministros, que no comulgan con sus ideas y formas de proceder en la solidaridad con la sociedad de los pobres y marginados; sus críticas contra los poderes fácticos, el capitalismo, su actitud de humildad y las denuncias contra la barbaries de la pederastia que la propia Iglesia ha sido participe durante muchos años han provocado un nuevo giro dentro del Estado de la Ciudad del Vaticano. Por otro lado, sería importante que el papa Francisco se interesase por los casos de pederastia que ante y después de la Guerra Civil española se sucedieron en Canarias, especialmente en los antiguos centro de Los Salesianos, San Miguel (reformatorio) y Casa Cuna. Seguro que se llevaría una gran sorpresa al descubrir tantos curas corruptos, violadores, viciosos y masoquistas de una época ya prescrita. Organizaciones de víctimas de pedofilia han señalado que los papas Juan Pablo II y Benedicto XVI tienen algún grado de responsabilidad al haber encubierto abusos, o bien omitido las denuncias.