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Allá ellos – Por Fran Domínguez

   

Como en botica, uno se ha encontrado de todo en política, especialmente en la primera línea de flotación, la municipal, la más cercana a la ciudadanía, la que más escuece al votante cuando hay corruptelas y otro tipo de cuchipandas. No he visto atacar naves en llamas más allá de Orión ni he visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser, pero sí he visto a alcaldes que dan patadas al diccionario hasta ediles que levantan la mano como robots en un pleno sin saber qué están votando, puros émulos de replicantes -por seguir el argot de Blade Runner-. Y esto son meras anécdotas ante las cosas que se van destapando en los diferentes estratos de la cosa pública. La que podría ser la mejor profesión del mundo está inmersa desde arriba hasta abajo -y viceversa- en el peligroso remolino de la denostación -también la periodística, pero eso es harina de otro costal: “No le digas a mi madre que soy periodista; ella piensa que toco el piano en un burdel”, reza un conocido dicho sobre el oficio, o sea, que ya tenemos lo nuestro-. No se trata de estigmatizar a los políticos, lo que sería a todas luces equivocado e injusto, pero sí que pulula en el ambiente la sensación falaz de que todos son iguales, sin que la clase política y partidaria -ahora está de moda denominarla casta- haya reaccionado lo suficiente para evitar tal percepción, más allá de palabras y meras intenciones, y algún que otro gesto aislado (Rajoy, ahora convertido en singular adalid, dice que el Gobierno “se ha tomado muy en serio” la lacra de la corrupción y promete “eficacia y firmeza” -sin comentarios-). Cada día surgen ejemplos aquí y acullá que contribuyen a alimentar con voracidad el hastío de la ciudadanía (lo más reciente, la dimisión de la ministra Ana Mato, a causa de la trama Gürtel) y del que se benefician formaciones llamadas alternativas que propugnan otros modelos y formas de hacer política -al menos en la teoría-. Parece que algunos -o bastantes, según se mire- aún se resisten a los cambios en las formas y en los modos y continúan al socaire de prácticas arcanas, medrando y queriendo salir a toda costa en la foto -literal y figuradamente- en un mundo que para bien o para mal ya no es el que era. Igual no pueden o no quieren entenderlo. En cualquier caso, allá ellos…