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Ligeros de equipaje>

Autosabotaje – Por Wladimiro Pareja Ríos*

   

Pedro ha estado esperando una oportunidad laboral desde hace muchos años, pero en este momento ha pasado las diferentes fases de que consta una selección de personal y finalmente se enfrenta a la última prueba, que consiste en la elaboración de una hoja de cálculo con datos; al finalizar revisa las operaciones, “todo correcto” y entrega el ejercicio a los examinadores. Al salir de la oposición se da cuenta de que olvidó grabar el ejercicio, así que lo que ha entregado es un disco vacío. Para los examinadores consta como no realizado, prueba no superada. Carmen ansía una nueva compañera sentimental, está cansada de las relaciones efímeras y superficiales. Por fin en una reunión de antiguos alumnos a la que es invitada conoce a Lucía, comienzan a tratarse y se dan cuenta de que encajan, comparten aficiones, intereses, surge entre ellas de forma casi inmediata una gran atracción y aparecen las primeras emociones. A los pocos meses, la inercia vital con la que vivía Carmen los últimos años la hace seguir buscando nuevos contactos amorosos con otras mujeres, comienza a alejarse de Lucía, a dejar de invertir tiempo y energía en su pareja y de esta manera no se permite una relación profunda y amorosa con una persona. En ambos casos, tanto Pedro como Carmen, cuando realmente han podido materializar sus anhelos, se han zancadilleado. Se trata de casos diferentes con un denominador común, ante la concreción de su éxito, optan inconscientemente por fracasar o autoboicotearse. Algunos autores nos sugieren que se trata de personas que necesitan estar siempre preocupadas e insatisfechas para sentirse vivas y no se permiten disfrutar de los logros personales, intelectuales y afectivos. Hay una serie de actitudes que nos estarían señalando esta tendencia a obstruir nuestro progreso personal: de forma sistemática no terminar lo que inicias, dejándolo todo a medias por falta de esfuerzo o de implicación (falta de compromiso); siempre te excusas y pospones, con lo que nunca finalizas lo que has comenzado. Un exceso de perfeccionismo puede ser otro elemento a tener a en cuenta, ya que nada de lo que la persona realiza está suficientemente bien o “a la altura” de la expectativas, con lo que todo queda desechado en el cajón de las cosas pendientes. Como siempre que hay problemas, es importante pararnos a ver qué nos pasa y que podamos hacernos preguntas sobre ello: ¿qué me ocurre?, ¿porqué siempre termino comportándome de esta misma manera?, ¿ qué consigo con ello? A partir de ahí hemos de replantearnos cómo nos limitamos a nosotros mismos, las creencias con respecto al éxito y al fracaso que albergamos y, finalmente, trazarnos y cumplir un plan de acción dirigido a la consecución de nuestros objetivos o anhelos con una base realista.