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Clavijo, don’t worry – Por Cristina Molina Suárez

   

Cómo gestionar las imputaciones durante la actividad política es un debate abierto. Lo ideal es que no haya ni un solo imputado en las listas electorales. Cada vez más, se van sumando dirigentes de todos los partidos a esta promesa como Susana Díaz, Alberto Fabra, etc. Seguramente esa sea la tendencia. En mi opinión, habría que negar la mayor porque en política lo que no es posible es falso, como diría Antonio Cánovas del Castillo. Si uno trae a la memoria las innumerables circunscripciones y partidos, verá que no es posible que las listas electorales estén libres de imputados o que si lo están un día, por ejemplo, el de su elaboración, se mantengan así durante la legislatura. Al contrario, son muchos los que piensan que ante la menor sospecha hay que ser ¿ejemplar? Pocos están dispuestos a escuchar ya a los políticos a pesar de que, cualquier persona cuya conducta es cuestionada tenga derecho a ser escuchada. Precisamente, por lo impopular del asunto, llama la atención cómo CC la ha colado con naturalidad consiguiendo una notoria aceptación. A pesar de compartir esa idea, el razonamiento seguido no podría ser más interesado. ¿Cuál es la idea? Un imputado no ha de dimitir por esta razón. Prevalece la presunción de inocencia. ¿Hasta cuándo es sostenible esta situación? Posiblemente sea el quid de la cuestión. Hay quienes señalan la apertura de juicio oral como el momento para apartarse. ¿Ha planteado CC una solución a este debate abierto? Rotundamente no, y ahí radica el cinismo de su argumentación. No plantean principios, sino que adoptan el criterio que más les conviene para que Fernando Clavijo mantenga su statu quo como candidato. Defender el Estado de derecho es, entre otras muchas cosas, usar la misma vara de medir para todos. Resulta imposible creer que, de haber sido Patricia Hernández o el sucesor o sucesora de José Manuel Soria los imputados, se habría visto tanta benevolencia y comprensión.

@cristination_