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Descalifica, que algo queda – Por Norberto Chijeb

   

En la política no todo vale, o al menos no todo debe valer. Está bien eso de que el Ayuntamiento sea la casa del pueblo, otra cosa bien diferente es que se convierta en un patio vecinal, en una verdulería donde todo vale. La discrepancia política se acepta, la personal debe llevarse a otros foros.

La última semana hemos vivido episodios, no por habituales, menos llamativos y penosos, tanto en Güímar como en Candelaria, una muestra de la poca consideración que tienen nuestros políticos a la educación y al saber estar, que nada tiene que ver con la discrepancia. Lamentablemente, hace mucho tiempo que atrás quedaron las griegas fórmulas de parlamentar, se diría que desde los albores de nuestra democracia con el viejo profesor Tierno Galván. Tiernos, precisamente tiernos, no han sido los improperios que se lanzaron la alcaldesa güimarera Carmen Luisa Castro y su primer teniente de alcalde, Sixto Alfonso, cuando la primera le cesó de su cargo. Menos bonito, se han dicho de todo, que si inepta y palurda hasta grosero y difunto, avivando la llamarada de descalificaciones un asesor de lengua viperina. Pero para crispación, la que se vive en la política de Candelaria. En el último Pleno se desbordó la soez. Carina Dainotto no se cortó a la hora de definir a Alfredo Arencibia (ausente), concejal de Fiestas, como “un chorizo”, mientras que Olivia Pérez, concejala de Asuntos Sociales, defendiendo a su compañero, atacó a la portavoz del PP llamándola sinvergüenza y “un mal ejemplo para las mujeres de Candelaria”. Pero superior fue la salida de tono de Domingo Ramos, primer teniente de alcalde, cuando acusó a José Fernando Gómez, exportavoz pepero y ahora concejal no adscrito, de “no pasar la manutención a su familia, de estafa al vender pisos dos veces…”, unas acusaciones que dejaron al vehemente José Fernando tocado y casi sin respuestas: “Aquí no vale escudarse en asuntos personales para callar a la oposición”.