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El ego que los mata – Por Félix Díaz Hernández

   

Nuestro microcosmos diario, mundano, profesional, personal o relacional, dentro de este liliputiense laberinto en el que vivimos, en una isla, supone toda una ventaja para la investigación y el estudio antropológico. Desde el terreno de la sociología básica o de la psicología en perspectiva conductista podríamos analizar a un par de individuos, presuntamente normales, de esos a los que cautiva su propia personalidad, que no ven más allá de sus narices y que habitan entre nosotros. La elección de los ejemplares no podría ser de forma aleatoria, sobre todo porque podríamos arriesgarnos a no dar con los trastornados adecuados para la investigación. Qué dañino es para el desarrollo cerebral de las personas ya adultas el complejo del espejo, el yoísmo, darse cuenta de que no son el centro del mundo, tropezarse con las palabras que escriben y que no saben lo que significan, repartir justicia sin haber dormido, ponerse el disfraz de buena gente y no pasar de mangante. La humildad, la conciencia y verdadero sentido “de honor” o el respeto a la verdad son buenas medicinas para curar algunos de estos problemas. Es cierto que no son tratamientos sencillos, que cualquier fallo en su administración y posología los deriva, de nuevo, hacia la cobardía, hacia esas miradas huidizas, a seguir arrastrando unas lenguas que ya solo funcionan cuando hablan mal de los demás. Ese ego, que al final los acaba matando, les quita razones, les desmonta el chiringuito carroñero, se esconde bajo distintas banderas de conveniencia que enarbolan según cada momento. Ese ego acaba tirando por el suelo los palacetes de naipes construidos sisando las confianzas ajenas, levantados con la ganancia del que pesca en tierra lo que otros se arriesgaron a sacar del mar. Así visto parece un gran negocio. Pero si se tambalea esa realidad figurada, ese escaparate en el que habitan, este tipo de personas son capaces de hacer cualquier cosa con tal de justificarse. Consejo final: “Para arriesgarse a subir una escalera tienes que estar seguro de que luego sabrás bajarla”.