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a veces soy humano >

En el camino – Por Félix Díaz Hernández

   

La vida es demasiado corta. La vida, tal y como la entendemos en nuestra sociedad presuntamente civilizada, se ha reducido a un cuestionario en el que avanzamos, o eso creemos, tachando, marcando los objetivos alcanzados, sin saber quién ha decidido que esas sean las metas. No descubro nada si manifiesto mi disconformidad y rebeldía vital ante tamaña esclavitud, sometimiento y dictadura.

La vieja sabiduría oriental, esa misma que muchas civilizaciones de Asia enarbolaron orgullosamente y hoy ya han abandonado lastimosamente, señalaba que la presunta felicidad del ser humano se encontraba escondida, solapada en la propia búsqueda de ese objetivo. La felicidad es el camino por el que avanzamos, olfateándola, persiguiéndola, admitiendo que esa plenitud es inalcanzable por su mera definición. Vivimos en el corto plazo perpetuo, algo que defendería si no fuera por la levedad y vacío que me provoca el hecho de que otros me dicten cómo debemos vivir.

Por fortuna, viajar física, mental o geográficamente, se ha convertido en una vía de escape. Conocer a personas y vidas diversas, especialmente a aquellas que respiran en la frontera exterior de este régimen totalitario que nos dice qué debemos comer, beber, hacer y sobre todo comprar y consumir, supone un bálsamo revitalizante. No disponemos de tanto tiempo como el que creemos y lo peor, dilapidamos vidas enteras en serie, en esta cadena de montaje al que nos suben al nacer.

Es en los días en los que toca despedir a las personas que conocemos, cuando reflexiono con mayor intensidad sobre esta parodia de existencia. Y aun llegando a idénticas conclusiones, una vez tras otra, parece que no sabemos ponerle remedio.

@felixdiazhdez