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Examinados – Por Fran Domínguez

   

A uno ya le queda poco margen para que le sorprendan en cuestiones relacionadas con la cosa pública y demás menesteres, aunque siempre hay alguien que te descoloca, y no sabes si las subsiguientes lágrimas te saltan por reír o por llorar, o por una mezcla de las dos cosas. Tal es el caso de la ínclita Esperanza Aguirre y su último invento orgánico: el examen de honradez a (sus) políticos. La expresidenta madrileña y presidenta del PP en la comunidad del oso y el madroño, una auténtica outsider dentro del aparato de su partido -cuando le interesa, claro-, ha querido aprovechar el calentito -hirviendo, más parece- huracán de corruptelas que azota este país de uno a otro confín (que glosaría Espronceda) y, haciendo de una capa un sayo, ha querido intentar lavar la cara en sus dominios con un supuesto ejercicio de transparencia ante la que está cayendo (y mira que está cayendo, pese a que algunos se hagan el sueco o quieran mirar para otro lado), lo que, dicho sea paso, no ha conseguido. Es más, se le ha virado la tortilla. Como publicó el periódico El Mundo, todo se trató de un pueril montaje, en el que las preguntas a las que se sometían los “alumnos” (candidatos a las alcaldías de la Comunidad de Madrid) ya se habían filtrado con anterioridad, al menos en varios casos. Y eso que tampoco hacían falta semejantes trampitas estudiantiles adolescénticas: el examen, dirigido por un jurado de cinco miembros (que daño ha hecho Operación Triunfo a la sociedad), no parecía sumamente “difícil” ni incluía cuestiones “complicadas”, si bien proclives a contestar con “total sinceridad” (se preguntaba a los aspirantes de turno si tenían cuentas en Suiza…). A los cabezas pensantes que se les ocurrió tan “escudriñado” test, habría que decirles que la tan manida transparencia -una simple palabra hasta la fecha en los partidos con labores de gobierno- radica, precisamente, en “otras” medidas o iniciativas que ayuden a incrementar la confianza de la sociedad en sus políticos y en sus instituciones, y no en una mascarada mediática. Este esperpento -por no mentar otro calificativo- supongo que contribuirá en mayor o menor medida a engordar el hartazgo de la ciudadanía ante tanta estulticia, y digo supongo porque nunca se sabe. Como menté al principio, aunque quede poco margen para la sorpresa, siempre hay alguien que te descoloca.