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Final triste – Por Rafa Muñoz Abad

   

Una iniciativa filantrópica abanderada por los abolicionistas de aquellos imberbes EE.UU. supuso el nacimiento de lo que hoy conocemos como Liberia. En 1822, la Sociedad Americana para la Colonización vio la oportunidad de tener una puerta de entrada al reparto colonial. Esta segunda afirmación, es la cara B de aquellos que sólo se acuerdan de la vertiente romántica que encumbra a Liberia como la tierra de retorno para los esclavos liberados. Descendientes de los miles que fueron embarcados en la trata atlántica que nutria las plantaciones y que consiguientemente dio negritud a buena parte de América. Algo similar sucedió con Sierra Leona. Movimientos anti trata británicos fundaron un puesto en la actual Freetown. Asentamiento que con posterioridad sería la base desde la que la Royal Navy luchaba contra los armadores que aún se resistían a abandonar el lucrativo comercio de la carne humana: españoles y lusófonos en buena medida. Aunque también lavaré la cara a los ingleses; pues pasaron de heredar el gran Asiento de 1713 a con posterioridad denunciar la esclavitud de la que tanto se lucraron. Centrémonos. Resulta paradójico que esta parte de África y su noble pasado fundacional contraste con la terrible historia [reciente] de ambos estados. Liberia y Sierra Leona están hermanadas por el derramamiento de sangre. La primera ejemplariza, en las figuras de Samuel Doe o Taylor, los más crueles y cleptocráticos regímenes africanos. El aluvión diamantífero de las cuencas de Kono propicio el tráfico de armas y catalizó una cruenta guerra civil que dejó una generación de amputados físicos y psíquicos. Los diamantes cruzaron la frontera hacia Monrovia para pagar los aviones cargados de kalashnikovs y lanzagranadas rusos que armaban a los malnacidos del Frente Revolucionario Unido. Una década del horror que entre 1991 y el año 2002 destruyó ambos estados, género casi cien mil víctimas entre muertos y mutilados, y dio estrellato al niño soldado. ¿Manga corta o manga larga?; esa era la pregunta antes de cortar a la altura del codo o la muñeca. Y ahora, otro horror en forma del más virulento brote de ébola del que África ha sido testigo. Parece que no hay final feliz en esa tierra olvidada y arruinada por la maldad humana.

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