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La gracia de Bravo

   

Con la que está cayendo -como si no tuviésemos suficientes problemas- aparece el presidente del Cabildo de Gran Canaria y suelta la perla de noviembre. ¿Cómo se le ocurre a este hombre, con tantas cosas que hacer por su isla, arremeter contra Tenerife con una acusación de robo, como si estuviese viviendo en los años 80? El pleito insular puede usted desempolvarlo cuantas veces quiera, pero la sociedad canaria ha evolucionado. El cambio generacional también se ha producido en muchos ámbitos -no en todos, por lo que vemos- y las preocupaciones de los ciudadanos están en el desempleo, la sanidad y la educación de nuestros hijos o en el modelo económico del futuro y el medio ambiente. La preocupación de los políticos que representan a los ciudadanos debería ir por el mismo camino. Hace tiempo que no escuchamos por las esquinas de las calles de los municipios grancanarios las mismas palabras del presidente que los representa. Señor Bravo, este no es el debate. Lo tenía más fácil si hubiese hablado de inversiones de Aena en los aeropuertos de las islas capitalinas, los puertos de ambas provincias o lo que votarán los ciudadanos de cada isla en las próximas elecciones, basándose en encuestas o en cifras que ya se barajan, interesadamente o no. Suponemos que habrá hecho usted sus cálculos desfasados para continuar una legislatura más en primera línea política, acudiendo a la demagogia y a la estulticia política en lugar de mandarse a mudar. Sólo nos queda confiar en que su formación política tome buena nota y decida por usted lo que debe hacer con dirigentes pasados de moda y con discursos que no aportan soluciones, sino que se dedican a echar más leña al fuego. Si no lo hacen, estarán incurriendo en el mismo error que usted.