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el revés y el derecho>

Los hipócritas – Juan Manuel Bethencourt

   

Esa incredulidad a la que aludes, querido Juan, es la que produce la constatación de la hipocresía, capaz de producir vergüenza tanto propia como ajena. Y debo añadir, en este plano, que el presidente extremeño, José Antonio Monago, es quizá uno de los especímenes más depurados del paisaje nacional. Hablamos del clásico gobernante campechano que presume de serlo, que habla de regeneración política pero que luego, pillado en clamoroso abuso de su condición, se defiende con soflamas lacrimógenas y victimismos pueriles, porque el histrionismo es la máscara de todos los caraduras. Siento vergüenza ajena por Monago y vergüenza propia por quien, desde Tenerife, se atreve a ponerse el primero en la fila para justificar los abusos del presidente extremeño. Eso ocurre porque hay demasiado servilismo en esta tierra, y ese servilismo ha anidado tristemente en la política, también en los dos grandes partidos españoles y su representación isleña. Hay otra cuestión candente sobre la cual quiero expresar mi punto de vista: el auge de Podemos y los vericuetos del llamado caso Errejón, lo cual me parece un exceso dada la entidad del hecho. Si hay un elemento que define a este episodio es su ausencia absoluta de originalidad: el recién elegido cargo de un partido obtiene una discreta prebenda en forma de encargo de proyecto de investigación tutelado, por supuesto, por un compañero de filas ubicado en el sitio preciso y ansioso por contentar al líder supremo. Por tanto, estamos ante el clásico supuesto de prioridades invertidas: primero hay que conseguir un sueldo y luego buscamos la herramienta para vestir al santo. En esto se resume, ni más ni menos, el contrato del inteligente Íñigo Errejón, y las explicaciones de la dirigencia de Podemos son tan artificiales como las perpetradas por cualquier otro partido político en igual tesitura. Pero que nadie caiga en la tentación de sentirse redimido a cuenta de este mediocre asunto.