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El hombre de los felices 5.000 kilómetros

   
Filiberto Rodríguez, a sus 78 años, ha caminado ya más de 5.000 kilómetros. / FRAN PALLERO

Filiberto Rodríguez, a sus 78 años, ha caminado ya más de 5.000 kilómetros. / FRAN PALLERO

VICENTE PÉREZ | Santa Cruz de Tenerife

Más de 5.000 kilómetros. Se dice rápido, pero con 78 años, es la distancia que ya ha recorrido a pie, en cinco años, en el Camino de Santiago el palmero afincado en Tenerife Filiberto Rodríguez. Naturópata, retornado de cuatro décadas de emigración en Venezuela, este hombre feliz recorre ahora buena parte de los municipios de su isla natal y también del resto del Archipiélago presentando el libro que acaba de publicar, Ayudas alternativas, un compendio de conocimientos y de consejos para mejorar la salud.

Se cita con DIARIO DE AVISOS en el santacrucero parque de García Sanabria (vídeo), hasta donde llega caminando desde La Cuesta, en el vecino municipio lagunero. “Aquí hay oxígeno, aire puro, y tenemos la armonía de la vegetación, el rumor del agua, la brisa, la energía de los árboles; es un entorno bueno para la mente y el cuerpo”, expone, con dotes de comunicador y deseos siempre de ayudar al prójimo. En anteriores reportajes para este diario ha contado las etapas de su andar como peregrino, que continuó en 2013 con 900 kilómetros entre Irún-Endaya-Cantabria-Santiago, y en 2014 entre Salamanca y Santiago, unos 450 kilómetros más en un par de semanas. Avanzó con 12 kilos en su mochila, incluyendo dos litros de agua y dos kilos de fruta, pan y queso,y algo de ropa. Pernoctaba en los numerosos albergues que jalonan esta célebre red de caminos que cada año atrae a miles de peregrinos. Cada cual con su motivación, cada cual con su hatillo de esperanzas.

Su recuerdo más triste lo lleva a 2013, cuando entró en Santiago de Compostela y se encontró la ciudad de luto. Había ocurrido el accidente del tren Talgo en el que murieron 79 personas, en una curva cerca de la cual había pasado hacía poco antes de la tragedia. “Al ver a todo el mundo llorando, yo también lloré; todo estaba cerrado, no había donde tomar nada a las dos de la tarde; fue terrible”, rememora Filiberto. Aunque, para su integridad física, su peor recuerdo fue en 2012, cuando se cayó a un río profundo, y se le enredó la mochila de tal manera que no podía sacar la cabeza. “Estaba solo, no podía respirar, hasta que al fin pude moverme hacia la orilla y agarrarme a unas ramas y levantar la cabeza; me fui a la pensión mojado y cogí una bronquitis”, relata con un brillo en los ojos.

Filiberto estudió naturopatía en la Universidad de Carabobo, donde aprendió que “todo es química” en la vida, y que el “mal manejo en la forma de vivir” nos la empeora. En su largo viaje hacia Compostela se ha demostrado a sí mismo muchas cosas. “Siempre llegar a una meta es una gran alegría tras pasar dificultades; y la meta es ser feliz, algo que no está en cosas materiales, sino dentro de uno, no hay que ir a buscarla lejos”, recomienda Filiberto. “La felicidad en una familia requiere mucha química; en la mía lo he logrado en armonía con la naturaleza”, apostilla, mientras respira como quien disfruta del aire, de la luz, del olor a las flores, de la vida y de la amistad.

‘Ayudas Alternativas’, un libro para vivir mejor

Filiberto Rodríguez acaba de publicar un libro en el que compila sus conocimientos de naturopatía, con el que quiere ayudar a mejorar determinadas patologías en los que una adecuada alimentación y buenos hábitos de vida pueden servir de mucho. En esta obra, titulada Ayudas Alternativas, este palmero de nacimiento expone en 115 páginas explicaciones sobre las causas de las enfermedades y algunos remedios naturópatas. “La naturopatía aplica la ciencia de la naturaliza viva a la salud mental, pues nuestras células se fabrican de los alimentos que consumimos; si se fabrican células sanas, el órgano es sano”, explica Filiberto.
A su juicio, la “medicina moderna se basa en el negocio de las farmacéuticas, que han logrado llevar a las universidades esas ideas, pero hay dolencias que se pueden combatir sin recurrir a fármacos, pues el remedio está en la propia naturaleza”. Filiberto confiesa que aplica en sí mismo todos estos principios, y se siente bien y es feliz, sin que ello sustituya al profesional médico, insiste.