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El juicio de valor como delito moral – Por Tamara de la Rosa

   

Cuando hacemos un juicio de valor sobre alguien ¿somos realmente conscientes de las consecuencias que puede llegar a tener? Estos días, a pesar de estar totalmente de acuerdo con la libertad de expresión, reconozco que estoy más que asombrada con la cantidad de descalificaciones y opiniones humillantes a través de redes sociales hacia Olga María Henao. Y yo me pregunto, ¿hasta qué punto todo vale? ¿Tiene que estar penalizado legalmente para establecer unos límites a la hora de opinar sobre otro? Caemos en juzgar a personas que nada tienen que ver con nosotros y por comportamientos y acciones que no dañan a nadie.

Un juicio de valor, dependiendo de la personalidad y del estado emocional en el que se encuentre en ese momento el “acusado”, puede actuar como un factor estresante pudiendo derivar en trastornos adaptativos con reacciones como la ansiedad y depresión. No somos conscientes del peso que tienen las palabras. Y es que a veces, si lo que vamos a decir no es más bonito que el silencio, mejor nos callamos.

Podemos y debemos tener opiniones sobre situaciones, sucesos y defender nuestra postura, pero podemos hacerlo sin incluir un juicio de valor sobre la persona que desde nuestro punto de vista se ha equivocado en algo. Una opinión es ante todo un asunto personal, algo subjetivo, y así es como debiera ser tratado. Tenemos instaurado en nuestra conducta el etiquetar a las personas, atribuirles cualidades y catalogarlas según nuestra percepción y experiencia, a veces sin darnos cuenta del daño e impacto negativo que podemos generar en otra persona. Calificamos subjetivamente lo que hace otro, en base a nuestros valores, creencias e ideas. ¿Te cuesta empatizar? Inténtalo haciéndote esta pregunta: ¿Cómo me sentiría yo si dijeran de mí lo que yo estoy diciendo de otro?

Siendo jueces de los demás, validamos los juicios de valor como una forma adecuada de comunicación humana y, actuando así, damos permiso a quien quiera para que opine o juzgue lo que hacemos y. sí, debemos saber encajar y aceptar las críticas pero, como comencé diciendo al principio del artículo, creo que debe haber unos límites que no debemos sobrepasar. Ese límite se llama respeto, sin etiquetar ni juzgar dañinamente a la persona. El caso de Olga María Henao me parece un claro ejemplo de todo lo que he comentado. Parece que prestamos más interés y nos llama más la atención el que una persona anónima haya mantenido dos relaciones sentimentales con dos personajes públicos que el hecho de que dos representantes políticos hayan hecho una “supuesta” malversación de fondos, que eso sí que tiene que ver con nosotros al tratarse de dinero público. Se han usado las redes sociales como medio de ensañamiento hacia una persona anónima juzgando su vida personal. Ha pedido públicamente respeto y ha expresado su malestar emocional con toda esta situación pero la situación parece que continúa. ¿Debería existir un límite o debemos seguir opinando de cualquier forma, de cualquier persona sin tener en cuenta ninguna consecuencia? Por eso, muchas veces, el juicio de valor es un delito moral.

*PSICÓLOGA
tamaraconsulta@gmail.com