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Lealtad y política – Por María Fresno

   

El nivel de putrefacción en el que ha entrado la política española no tiene graduación. Está fuera de toda medida. Y tampoco creo que la solución esté en sacar las manzanas podridas del cesto y llenarlo de nuevo. Esto no basta. La absoluta impunidad con la que algunos políticos han tomado el pelo a la sociedad española es insuperable. Pero dicho esto, tampoco creo que ahora, con la sangre hirviendo por el cabreo, sea el momento para ir a votar, porque todas aquellas decisiones que se toman en caliente, en la mayoría de los casos, suelen estar equivocadas. Sinceramente, no sé donde puede estar la solución a todo este desencanto político: dejar a los que están que, al menos son conocidos, por eso de más vale malo conocido que bueno por conocer. O dejar paso a aquellos que nunca han tenido una relación con el poder. Al final creo que haré lo que dijo Roosevelt: “Vota a aquel que prometa menos porque será el que menos te decepcione”. Viendo todo el entramado político que se nos viene encima con las elecciones, se me viene a la cabeza una magnifica película de George Clooney, Los idus de marzo, que narra la trastienda de las campañas electorales y la lucha por el poder que acaba por finiquitar los valores y principios de aquel que cree que su candidato cambiará las cosas. “Tarde o temprano te decepcionará”, le dice una escéptica periodista a este jefe de prensa. Y así ocurre, porque al final, “no importa lo que uno piense, sino lo que hace y lo que no hace”. Valores como la lealtad o la honradez terminan contaminándose por la codicia y el poder, y aquel contrato moral que el político firma con el ciudadano cuando es elegido en las urnas, se rompe por algo que, lamentablemente, ya es inherente en el político: la ambición. Esa sensación de conseguir poder. De estar por encima del bien y del mal y de sentirse absolutamente impune. Da lástima comprobar que una de las mejores virtudes que puede tener el ser humano, que es la lealtad, se pervierta, y se transforme en una lealtad al poder y no a la sociedad.

El escritor y periodista británico George Orwell escribió que el lenguaje político está diseñado para que las mentiras parezcan verdades. Tenemos que contemplar la política como si fuera una función de magia donde el mago (el político) con sus trucos nos intenta convencer de que lo que estamos viendo es real y no una ilusión. A lo mejor, cuando empecemos a ver la política así, como una simple función de magia, empezaremos a entender, por qué “nadie puede adoptar la política como profesión y seguir siendo honrado”, dijo Louis Mchenry Howe.
@MariaFresno72