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Pobreza – Por Leopoldo Fernández

   

En estos tiempos de crisis, resulta agraviante hablar de riqueza acumulada, de pelotazos en los negocios, de aumento en el número de millonarios. Pero es lo que hay, y pasa desde siempre. Cuando los males económicos aquejan a la sociedad, los ricos se hacen cada vez más ricos y los pobres, más pobres. Uno estaría dispuesto a aceptar este contrasentido tan injusto a condición de que la riqueza creciera en buena lid, es decir, sin corrupciones por medio, y que lo que tanto y tanto sobra a algunos sea repartido después, en forma de impuestos satisfechos, a quienes más lo necesitan. Pero no suele ocurrir así. La desigualdad económica es brutal. Y desde que en 2008 se desencadenó la crisis económica, los millonarios con más de mil millones de dólares de patrimonio se han duplicado en el mundo mientras las desigualdades se han cuadruplicado. Sin salir de la casa patria, las veinte personas más ricas de España reúnen una fortuna conjunta de 115.400 millones de dólares, equivalente a los ingresos de unos 14 millones de personas, alrededor del 30% de la población, según un informe de la ONG Intermón Oxfam. Falta voluntad política para revertir esta situación y para aplicar una progresividad fiscal que haga que paguen más quienes más tienen, para no seguir ahondando en la tragedia de las desigualdades sociales y económicas. Cáritas también viene a coincidir con estos datos y en su informe anual, difundido esta semana, subraya que el 25% de la población española (unos 11,7 millones de personas) se halla en situación de exclusión social debido a los efectos de la crisis, en tanto la mitad de los hogares se encuentran simultáneamente afectados por problemas de privación material y pobreza monetaria. Para Cáritas, esta pobreza sólo puede combatirse mediante una mejor redistribución del sistema de impuestos. Pese a este desolador panorama, parece que en Canarias se tiende a mejorar y, según la consejera de Asuntos Sociales, Inés Rojas, el porcentaje de personas bajo el umbral de la pobreza ha pasado del 33,2 al 28,4%. No es un gran consuelo, pero menos es nada a la vista de la coyuntura. La solución pasa por un mejor reparto de la riqueza y por una mejora del modelo económico. La prestación canaria de inserción, la conocida por las siglas PCI, no es sino un parche coyuntural que alivia, sí, el sufrimiento de muchas familias, pero no acaba con una situación tan grave. La prueba está en un simple dato: de 2008 a 2015, la PCI presupuestada pasa de 4 millones de euros a 31. Realmente preocupante. Y quiere decir que nuestros representantes no son capaces de acabar con la pobreza severa, ni tampoco de encontrar medidas eficientes que alivien definitivamente tanta desgracia, tanta marginación, tanta injusticia, tanta pobreza.