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El ‘show’ fúnebre de la Duquesa – Por Enrique Arias Vega

   

Llevo unos días con la tele apagada para ahorrarme así los empalagosos ditirambos de Cayetana Fitz-James: jamás había visto tantos elogios de alguien que al parecer no ha dado un palo al agua. Sí, ya sé que es la única persona que era 14 veces Grande de España, 18 veces marquesa, 5 duquesa y 20 condesa. ¿Y qué? ¿Cuáles han sido sus méritos para conseguirlo?: descender de un hijo bastardo de Jacobo II de Inglaterra. Ni siquiera procede de la primera familia de duques, como Fernando Álvarez de Toledo, aquel aguerrido y cruel militar que conseguía títulos mientras sus enemigos se iban patas abajo con sólo oír su nombre. Pero ya ven: mientras aquí se critica a cualquier empresario de medio pelo que se juega su dinero trabajando y creando empleo, en cambio se rinde pleitesía a la novena fortuna de España pese a su escasa productividad. A uno, qué quieren que les diga, se le abren las carnes cuando rememora la untuosidad del socialista Manuel Chaves cuando imponía la medalla de Andalucía a la Duquesa o a ésta percibiendo 10 millones de subvenciones agrícolas de la Comisión Europea para que pusiese en valor sus fincas. En esta hora de loas y panegíricos indiscriminados de todos los medios de comunicación, hasta se ha criticado el que la familia real sólo estuviese representada por la infanta Elena de Borbón, como si eso fuese hacer de menos a la fallecida. Comprendo que los españoles somos así y que nos rendimos ante la simpatía glamorosa de gentes que han llenado millones de páginas rosa de nuestras revistas. Pero me parece injusto en esta hora de escaseces que, en vez de honrar a quienes se dedican a producir bienes para una sociedad necesitada de ellos, se encomie a quienes han dedicado su vida a solazarse. Lo siento. De veras que lo siento.