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Naufragio en la Costa Brava

   
Diego Ifrán fue la imagen de la impotencia de un equipo que no estuvo a la altura en un partido ante un rival flojo. / EDDY KELELE Diego Ifrán fue la imagen de la impotencia de un equipo que no estuvo a la altura en un partido ante un rival flojo. / EDDY KELELE
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Diego Ifrán fue la imagen de la impotencia de un equipo que no estuvo a la altura en un partido ante un rival flojo. / EDDY KELELE

ÓSCAR HERRERA | Santa Cruz de Tenerife

Empeorar la imagen que el CD Tenerife ofreció ayer ante un rival tan escaso de recursos futbolísticos es muy difícil. En un campo donde su anfitrión no ganaba desde el 31 de agosto, y ante un equipo limitado, el equipo de Cervera zozobró de nuevo fuera de casa, volviendo a dejar atrás los síntomas de recuperación que mostró en Zaragoza, y cerrando una semana para olvidar que tuvo dos tormentas fuertes con Ruso García y Jacobo, y con Cervera de por medio, que pudo pasar factura a la hora de preparar mentalmente este encuentro. La derrota duele, pero más la impotencia de un Tenerife que en la primera parte apenas apareció por las inmediaciones de la meta local, y que tuvo bastantes dosis de falta de intensidad que no ayudaron a ser más incisivos en ataque.

Para más inri, la lesión de Roberto, a la espera de las pruebas complementarias que determinen su alcance, y las expulsiones de Uli Dávila y Diego Ifrán (éste último ya con el partido finalizado), dejan al equipo insular bastante tocado de cara al partido ante el Mallorca el próximo sábado.

Se quiera o no, las ausencias de Vitolo y Aitor fueron también influyentes en el partido. Ricardo se vio desbordado y Kike Rivero no estuvo a la altura. A partir de ahí, Cervera dibujó un 4-4-2 de inicio, con Aridane a la espalda de Ifrán, y Suso y Cristo en los costados, y ofreció una puesta en escena que duró apenas 10 minutos, los que Álvaro Cervera tardó en darle libertad a Suso para abandonar la banda derecha, donde situó a Aridane, a quien se le veía completamente desubicado y muy perdido.

El Tenerife tuvo la primera, y casi única, llegada con peligro a los dos minutos, en una contra en la que Aridane conectó con Cristo Martín y el de La Cuesta no estuvo avispado para encarar con velocidad y decisión la meta de Moragón, perdiendo una buena ocasión.

En el minuto ocho llegaría la jugada desgraciada que acabó con Roberto lesionado. Un mal despeje de Carlos Ruiz provocó un intento desesperado del meta icodense por evitar una ocasión local, con la mala fortuna de que su rodilla fue a golpear con la espalda del propio Ruiz. En los siguientes minutos, estaba cantado el cambio de portero; Roberto hizo amago de salir del campo por dos veces, pero aguantó hasta el final de la primera parte, en la que ya fue sustituido por Carlos Abad.

Los primeros 45 minutos se diluyeron con más pena que gloria, con la esperanza de que el decorado cambiara en el segundo acto y decantara el partido del lado blanquiazul. No fue así, y el equipo catalán, sin hacer nada en ataque, se encontró con dos faltas seguidas que le dieron los tres puntos. Pero antes de eso, el Tenerife siguió sin rumbo en un estadio sin presión alguna (solo 1.700 espectadores), dejándose llevar para que pasaran los minutos, y sin ambición e ideas para llevarse el triunfo. Solo un disparo inocente de Ricardo en el minuto 55 fue el pírrico bagaje de un conjunto acomodado e impotente.

Dos faltas letales
Hasta que llegó la bofetada: una falta inexistente de Carlos Ruiz al borde del área le dio al local Pitu la oportunidad de lucirse. Un tiro seco, pero algo centrado desde la media luna del área, dejó al debutante Carlos sin reacción y clavó el uno a cero a falta de 21 minutos. Acción que se repitió dos minutos más tarde y con los mismos protagonistas. Carlos Ruiz vuelve a hacer otra falta en zona peligrosa, y de nuevo Pitu, que lanza el libre directo lejos de un Carlos que de nuevo se queda estático ante un disparo esta vez más ajustado. Ahí sí hubo respuesta del banquillo tinerfeñista, pero tardía, al entrar al campo Uli Dávila, acumulando hasta cinco hombres de ataque sin generar peligro.

El partido acabó con una entrada destemplada de Uli que fue considerada violenta por el colegiado, expulsándolo con roja directa, y con las airadas protestas de Ifrán una vez pitado el final del choque, que el trencilla apuntó en el acta. Pura impotencia de un CD Tenerife frustrado y frustrante.