X
soliloquio >

Adiós 2014, vétete… – Por Ramiro Cuende Tascón

   

En cualquier caso, gracias a los que merecen mi respeto y mi reconocimiento, al resto, tan solo desearles lo mejor. Se que esto de las fechas, digamos las marcas en el tiempo, son como las rayas en el agua. Es irracional creer que la vida, ese continuo devenir siempre acompañado por el insondable destino, pueda cambiar de un día para el otro tan solo por ser “31 de diciembre” o “1 de enero”, convenios. Gregorio XIII promulgó el uso del actual calendario con la bula Inter Gravissimas, que suplió en 1582 al calendario juliano, utilizado desde que Julio César lo instaurara en el año 46 a.C. Por ejemplo, en Irán y Afganistán, la fiesta más grande del año es el Nouruz, día de Año Nuevo. Nace el primer día de la primavera en el instante exacto del equinoccio. Un año puede comenzar el 21 de marzo a las 5:32 am, y el siguiente puede nacer el 20 de marzo a las 11:54 pm. Lo dicho no tiene relevancia, otros pueblos -que para lo civil usan el calendario gregoriano- celebran su año nuevo en otras fechas, en función de sus tradiciones históricas o religiosas. El Año Nuevo judío o Rosh Hashaná empieza en el mes de Tisri del calendario hebreo, que equivale a septiembre u octubre del nuestro; y el Año Nuevo musulmán en el mes de Muharram que, como también obedece a un calendario lunar, puede caer en cualquier mes gregoriano. Respecto a los años, estos también son dispares: los chinos viven en el año 4704 del Perro y el próximo 18 de febrero recibirán al año 4705 del Cerdo. Los judíos transitan el 5767, que establecieron a partir de la supuesta fecha del nacimiento de Adán; en tanto que los musulmanes, cuyo almanaque comienza con la huida de Mahoma a Medina en el año 622, viven 1384.
Pues nada, demos la bienvenida al 2015 y a vivir que son dos días, no hay que hacerlo con ansiedad. ¿Algo de ilusión? Sí, y agradecidos por poderlos vivir, ya sea en la plaza viendo a la pimpolla de turno y a su engalanado maromo haciendo de doce campaneros ilustres, o en casa leyendo un buen libro oyendo a Bach, o, en una esmokinada y selecta velada con su cotillón y esas cosas, doce uvas, ropa interior roja para atraer el beso de la medianoche. Otros, como los japoneses, despiden el año con 108 toques de gong, cada uno esfuma un pecado, el ser humano tiene por defecto 108, ¡vaya vida!
Adiós año. Esta retroprogresiva época, como la llama Paniker, acaba con los estereotipos y acuerda los antónimos: podemos ser adultos responsables y niños a la vez. La Nochevieja pásela como guste. Hasta el 2015, salud.