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Alrededor del Botánico – Por Salvador García Llanos

   

Lo deseable, dicho a la primera, es que si va a haber debate en torno a la reforma y ampliación de la carretera del Botánico es que no se eternice. La fatuidad que ha caracterizado algunos proyectos de iniciativa pública en el Puerto de la Cruz y la excesiva lentitud, tanto en su tramitación como en las ejecuciones -véase el listado de actuaciones promovidas por el Consorcio de Rehabilitación Turística-, han acentuado inevitablemente la incredulidad. Si a ello se añade la mala suerte que ha acompañado en otras realizaciones, lo menos que puede hacerse es, al calor de la experiencia, expresar la idea de que no se invierta demasiado tiempo para no perder el tren o para no quedarse definitivamente atrás en ese propósito de mejorar y renovar la ciudad, de hacer más competitivo el destino. El caso es que, por mor de un convenio con el Cabildo insular, la vía, la TF-312, pasa a ser de titularidad municipal, por lo que el Ayuntamiento tendrá que reactivar sus instrumentos de planificación y tomar una decisión consecuente que mejore la accesibilidad al municipio. Téngase en cuenta que la carretera del Botánico es una de las más transitadas en toda la isla. Y ya han surgido las primeras trabas: mientras el Cabildo, por un lado, se quita de encima la infraestructura; por otro, su Servicio Administrativo de Cultura y Patrimonio recomienda que, dados sus valores históricos-arquitectónicos, se catalogue un inmueble (popularmente conocida como Casa el Viejito) cuya demolición es indispensable para el proyecto de ampliación. La flagrante colisión hace temer una larga controversia: el Puerto o la fuerza del sino. (Curiosa y paradójica, por cierto, la postura del Cabildo a la hora de ponderar tales valores: con la remodelación del paseo San Telmo, y del muro en concreto, no ocurrió igual. Así se aguarda una decisión judicial al respecto). Pero si el Ayuntamiento tendrá que decidir entre el pragmatismo de la operatividad del tráfico y la conservación de bienes catalogados, no olvidemos otra actuación en las cercanías que, de alguna manera, también incide en la remodelación que nos ocupa: la ampliación del Jardín de Aclimatación o Jardín Botánico, un ejemplo de lo que decíamos al principio. Y eso que se disponía de terrenos y ha contado con presupuestos plurianuales. Después de algún artículo en el que se denunciaba la situación de abandono, visible desde el distribuidor de la antigua Bananera, se hizo una faena de aliño para desescombrar y rematar las obras de conexión interior y vuelta a parar. Los meses han pasado y la estampa continúa siendo desoladora. Un extranjero, asiduo visitante, lo comentaba en vísperas navideñas: “He venido tres veces en los últimos cinco años, y la obra sigue igual. ¿Qué pasa?”. Esa es la pregunta que seguro tiene respuesta. Pero lo que la gente quiere son resultados, anhela ver culminadas las actuaciones que permitan contrastar la innovación y la cualificación, aguarda la disponibilidad de nuevas dotaciones que propicien la superación de la decadencia y hagan del Puerto el destino atractivo que siempre fue. El Jardín Botánico es un recurso primordial tanto desde el punto de vista científico como de reclamo turístico. Entonces, ¿qué pasa?