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Érase una vez el PIT… – Por Domingo J. Jorge

   

Érase una vez, hace 25 años, nació el Parque Infantil y Juvenil de Tenerife, el PIT. Cuentan que, desde aquel entonces, niñas y niños de toda la Isla se acercan al Recinto Ferial durante las Navidades para disfrutar de todo tipo de atracciones y juegos. Nuevamente, este año se han abierto las puertas del PIT. Sucede igual desde 1989 y la fábula se repite cada 365 días.

Es como el acontecimiento del nacimiento del Niño Jesús, también por estas fechas. Cuando llega la Navidad, durante estos días de vacaciones, las naves del Recinto Ferial vuelven a acoger las risas, alegrías y “buen rollo”, como dicen ellos, los pibes, para solo intentar una cosa: divertirse, sin tener en cuenta ni edad, ni condición social, sino tan solo pasarlo bien.

Muchas veces me he parado a pensar si realmente nos damos cuenta de la apuesta que han hecho la Institución Ferial de Tenerife y el propio Cabildo insular, como padre de la criatura. Una apuesta para todas y todos en la creación del PIT, ya con 25 años, y que ha pasado la mayoría de edad.

Muchos podrán pensar que se trata de una apuesta de negocio, de lucrar las arcas insulares, e incluso, algunos lo verán como el intento de buscar votos por parte del político de turno. Y, les digo yo, “nada más allá de la realidad”. El PIT, si miramos los números, no se sostiene únicamente con el precio de las entradas o la aportación de los patrocinadores y colaboradores. El PIT lo mantiene vivo el Cabildo de Tenerife por un motivo único, y es el de que nuestros más pequeños y jóvenes se diviertan e incluso reciban conocimientos a través del juego.

Seguramente, tampoco nos hemos parado a pensar la cantidad de pequeñas y pequeños de cualquier condición social que acuden al PIT para pasar seguramente el mejor momento de sus Navidades, y lo hacen con el apadrinamiento del Cabildo. Hace crecer el corazón de cualquiera el ver a una niña o niño entrar por las puertas del PIT y ver cómo se le abren los ojos cuando pasan a la gran nave y encuentran la mejor atracción con la que podrían soñar.

Seguramente, si hiciésemos un estudio en los barrios metropolitanos o en los pueblos de la Isla, entre los más pequeños el PIT es el sueño que se les hace realidad cada Navidad.