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Homenaje al doctor Benito Maceira – Por Rosario Ortega Abraham

   

Cuando me invitaron a este evento me sentí profundamente orgullosa, como me imagino se sentirán todos los canarios, por la gran admiración que significan para mí el grupo humano que conforman la misión a la que se dedican. He sentido el impulso y la necesidad de escribir unas palabras que sirvieran para expresar mi gratitud, mi admiración y mi profundo respeto por el equipo pionero de trasplantes renales de Canarias, que desde 1981 no han cesado en ayudar a aquellas personas cuyas vidas dependen de la donación de un riñón.

Gracias a su trabajo, llevado siempre a la excelencia, estos seres humanos pueden pensar en mañana, desarrollar sus vidas, sus ilusiones y mirar con fe al futuro. Este equipo humano increíble, trabaja como verdaderos héroes al servicio de la vida, sin horarios, ni tiempos, ni excusas para el desánimo, desarrollando esta encomiable tarea con una altísima calidad humana y profesional. Pero hoy, en especial, quiero rendir mi pequeño homenaje al doctor Benito Maceira, presidente de la Sociedad Canaria de Nefrología y Jefe del Servicio de Nefrología del HUC.

El vínculo afectivo que me une a su persona, me invita a recordarlo primero como ese profesor, didáctico, cercano, práctico, inteligente. Que se desvivía para que entendiéramos patologías, a veces tan complicadas, que se escapaban a nuestro entendimiento, y que, él desde su sabia experiencia, intentaba acercarnos con dos pinceladas magistrales, que nos llevaban a comprender el inmenso valor docente, que se compromete de lleno en transmitir su legado a los alumnos y compartir sus valiosos conocimientos con ellos, desde la más absoluta generosidad hacia este sagrado oficio.

Como doctor él y yo, por la parte que me toca, como paciente suyo, tengo que destacar su cercanía, su optimismo, su talante positivo y esperanzador y sobre todo su empatía, tan importante, cuando un enfermo acude al médico y se encuentra vulnerable y espera encontrar en él esa palabra amable, que le haga recuperar la fe y la confianza, independientemente de cuál sea el diagnostico.

Finalmente como amigo, el doctor Maceira cumple con la primicia fundamental de la amistad, que es la de acudir cuando se le necesita, sea cual sea el momento y las circunstancias, de una forma incondicional y generosa, dos cualidades innatas a su personalidad.

La tarea que realiza, tanto él como su equipo, está hecha para seres humanos grandes, valientes, con arrojo, dispuestos a luchar en la vida y por la vida, el bien más preciado que poseemos y en el que ellos, juegan un papel tan importante para muchas personas, entre las que me encuentro; por eso, solo me queda expresar mi más profundo agradecimiento, que es la memoria más sincera que guarda el corazón.

Mi admirado Benito Maceira (entiende que), tal como expresó Schopenhauer, “La salud no lo es todo, pero sin ella lo demás es nada”. Suma a su rigor científico la esperanza y el ánimo como eficaces medicinas, y finalmente responde al refrán árabe que dice “la gente quiere a los médicos que quieren a la gente”. Por eso, antes de ser el excelente médico que es, fue, es y seguirá siendo siempre una buena persona, una esplendida persona.

Todo lo he focalizado en el doctor Maceira, porque sé que es tímido y quería sorprenderlo y fastidiarlo un poco. Pero todo esto va dedicado a todos los que han apostado por esta gran aventura para el futuro de los canarios.