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San Andrés – Por Juan Carlos García

   

Cuenta la tradición cristiana que el apóstol San Andrés fue crucificado en una cruz en forma de equis (X). Sin clavos, sino amarrado con cuerdas. Los días que permaneció con vida, antes de fallecer un 30 de noviembre, los aprovechó para predicar ante las personas que se le acercaban. El nombre de San Andrés ha proliferado por la toponimia de diferentes partes del mundo. Aquí, en Canarias, hablar de San Andrés es hablar del municipio palmero del mismo nombre. Es hablar del pueblo ganadero por excelencia de El Hierro. Es hablar del barrio pesquero de Santa Cruz de Tenerife que, como el mártir, se siente atado a una cruz en aspa mientras lleva no días, sino toda una vida pregonando a los cuatro vientos su situación de indefensión ante la naturaleza. Hablar de San Andrés es hablar de las tablas de Icod. Es hablar de los cacharros de Puerto de la Cruz. Es hablar de la apertura de las bodegas para probar el vino nuevo. Es hablar o no hablar del camino hacia la comercialización de esos caldos.

San Andrés es el patrón de innumerables pueblos, ciudades y países. Esa cruz en forma de aspa, de X, donde el apóstol sufrió martirio pasó a llamarse la Cruz de San Andrés. Esa cruz en aspa se exhibe en numerosos escudos heráldicos y en numerosas banderas, como es el caso de Escocia. O, como ustedes saben, el caso de la enseña insular de Tenerife. En una cruz en forma de aspa, como la de San Andrés, se encuentra amarrada una parte importante de la sociedad. No lleva días, sino años de padecimiento que los aprovecha para intentar predicar ante esa otra parte de la sociedad que se aleja de la primera. En otra cruz similar, también en forma de equis (X), como la Cruz de San Andrés, se halla atada otra parte de la sociedad, cada vez más numerosa. Aquella que pena por sus artes corruptas. No lleva días, sino años sin predicar con el ejemplo. Hablar de San Andrés es haber dejado noviembre y haber entrado de cabeza en el último mes de este 2014. Seguir hablando de San Andrés, pasado ya el fin de semana, pasado ya el 30 de noviembre, es hablar de nuevas cruces en forma de aspa, en forma de equis, a las que seguirán atadas los sectores más vulnerables de la sociedad. Pero, ahora sí, sin ánimo de desfallecimiento.