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Tratamiento para un país en 3 D – Por Juan Manuel Reyes Rodríguez

   

Primera D: Darwin. La primera patología que nos ocupa es la segmentación negativa y perjudicial para la salud del país, que ha venido produciendo el perfil del dirigente con éxito evolutivo. Darwin venía a concluir, allá por 1858, en su Teoría de la Evolución de las Especies, que el éxito evolutivo de estas se basa en su capacidad de adaptación al medio y sus condiciones. Son pues los condicionantes del medio los que seleccionan e imponen las características que deben reunir los triunfadores. Si analizamos la evolución del fenómeno líder político desde sus bases, de todas las agrupaciones y partidos, constatamos cómo, trágicamente, en más casos de los admisibles se da una marcada tendencia a anular, estigmatizar y discriminar al mejor preparado. Asistimos a una selección negativa que tiende a desechar a quien tiene criterio, cualidades, honradez, madera, en favor de individuos con perfiles más mediocres. La realidad nos viene demostrando que son los más mediocres, trepas y oportunistas, de todos los partidos, quienes cierran filas para defenderse de los que consideran sus directos rivales. Darwin concluiría que en esta sociedad desvirtuada y por lo tanto devaluada, se produce una selección negativa de los individuos, en la que se tiende a fomentar la prosperidad y el éxito de aquellos que se muestran más maleables, sumisos, los que valen por lo que callan, los que se procuran mutuamente, los que no hacen sombra ni incomodan a las jerarquías, en detrimento de los mejores para un buen gobierno. Esta darwiniana selección negativa explica cómo hemos podido llegar a sufrir ministros con experiencia y curriculums que cabrían en un posit. ¿Podría algún día cuantificarse el perjuicio causado por estos personajes, encumbrados sin base, en la toma de decisiones para el país? ¿Podríamos valorar el coste de oportunidad que ha supuesto la pérdida de los más capaces? ¿Y el daño que se está haciendo a la necesaria figura del político y el partido dentro de un sistema?

Segunda D: Democracia

La segunda patología se manifiesta en la merma de la democracia. Venía a concluir el barón de Montesquieu, allá por 1748, la necesidad de contar con una adecuada separación de poderes para la consecución de una democracia plena, en el goce de los derechos vitales, la integridad, la libertad y la propiedad. ¿Dónde han quedado los postulados del bueno del barón? ¿Algún demócrata verdadero se encuentra incomodo en la eficaz delimitación del legislativo, ejecutivo y judicial? ¿No nos habremos autoengañado al creer que viniendo de 40 años de dictadura, con tolerancia 0% al político, creer que la panacea del sistema es que, ahora, lo político se apropie del 100% de nuestras vidas? ¿Cómo describiríamos una situación dónde quien, en buena lid, dirige los designios del gobierno, pero que en la práctica, también, puede condicionar tanto las cámaras como extender sus tentáculos con jueces y fiscales o influir en el resultado de las actuaciones de estos últimos vía Tribunal Constitucional, indultos, y otros atajos. ¿Democracia aparente o dictadura encubierta? Si gobierno, legislo, juzgo, excarcelo, vigilo… Soy un dictatorus maximun ¿O no?

Tercera D: Dictadura bananera

Esta patología aparece como efecto colateral que emana del padecimiento de las dos anteriores. Darwin y Montesquieu constatarían que tanto la mediocre selección en el perfil del dirigente que tiende a prosperar, en la evolución condicionada, como la precariedad en la calidad democrática real, perfilan un cuadro clínico más propio de dictaduras bananeras que de un país líder de la CE (personajillos con excesivo poder). Por su parte, el perfil del personaje que, darwinianamente, tiende a prosperar también suele presentar una ligera mutación genética que le hace sentirse más cómodo cuanto más poder detenta. Les gusta elegir a dedo y no ser cuestionados. En su fuero más interno mucha democracia les incomoda. Plantearles más democracia interna en el partido, listas abiertas, democracia más participativa… supone abrir la Caja de Pandora. Y solo darán pasos en esa línea cuando se vean obligados.
Sintomatología. La crisis internacional combinada con el padecimiento de las patologías antes desarrolladas, se ceban con el enfermo llamado España, presentando cuadro general con graves deficiencias a nivel econçomico-social (paro, deuda, sanidad, educación) agravado con episodio de carencia de autoestima y credibilidad institucional a lo que en nada favorece los continuos brotes de corrupción. La diagnosis es: estado general grave. Detectados fallos multiorgánicos diversos. Situación de base fuera de control han llevado al paciente a situación de precolapso de los sistemas. Para el tratamiento existen dos alternativas. Una es dar por desahuciado al paciente, resignándonos a tratamiento de paliativos y derivándolo al doctor Podemos. Doctor este a quien reímos cuando era perroflauta, temimos cuando pasá a ser toro de lidia y lamentaremos si asistimos a su mutación a dragón que calcine el país con sus ardientes fauces.
Hay que procurar una actuación radical e inminente, clara e ilusionante que pongan en valor el papel fundamental del buen político en partidos limpios y bajo control. Las pautas no pueden ser otras que tranquilizar al electorado e ilusionarlo con medidas que vean de inmediato, se entiendan y convenzan. Esto tiene cura con más y más calidad democrática ya, no como promesa electoral. Tiene que verse,claramente el sacrificio y el ostensible cambio de rumbo tomado. Los partidos deben asumir su culpa, asumir un coste-sacrificio y modificar sus vicios de poder. Otorgar una segunda carta magna donde quien ostenta, ahora, el exceso de poder se autolimita y lo comparte. Las medidas a tomar deben ser imaginativas, claras que suenen a nuevo e ilusionadoras en clave “r”, con espíritu de reformismo, renovación y revolución para regenerar el sistema… De no ser así habrá que lidiar con el miura que viene. Algunas de estas, si no todas, podrían ir en la línea de penalizar a los partidos con, por ejemplo, el 10% de los fondos que perciben del Estado, cada vez que un alto cargo sea imputado. Si es el propio partido el que se adelanta a la fiscalía en la denuncia se penaliza con solo el 1% o se bonifica; o centralizar, controlar y custodiar la cuenta bancaria de cada partido, por ejemplo, en el Banco de España, y que cada disposición ordenada lleve identificado NIF o CIF del beneficiario. Como contrapartida, una mayor y mejor financiación de los partidos es posible. Primarias a todos los niveles y funcionamiento de estas elecciones internas tuteladas, por órgano competente, como la Junta electoral Central, que certifique la “calidad democrática” para poder acudir a los comicios. Además, hay que limitar periodos de cargos. Estimular la rotación imponiendo, por ejemplo, que en cada comicio un x% de los electos sean nuevos.
Posología: Al grueso del país recetaría altas dosis de democratin forte y complemento reforzado de reilusionadol. A los líderes políticos de los partidos actuales, valorin endovenoso para autolimitarse y dar los pasos claros que les devuelva la confianza del electorado al hacerles parecer parte de la solución y no del problema. Y como rehabilitacion, de no funcionar la terapia anterior, siempre quedará la posibilidad de rehabilitar al enfermo con nociones de tauromaquia y/o artes marciales para mejor sortear al miura o al dragón que se nos avecina.

*Pensionista y exdirector de banca
Juanmanuelreyes63@hotmail.com