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Barcos negreros – Por Rafa Muñoz Abad

   

El fenómeno de la inmigración irregular hacia el sur de Europa no se puede analizar como una causa ajena a los ejes relacionados con el crimen organizado, el integrismo islámico y el tráfico de armas. En mi opinión es un vaso comunicante que de manera natural aflora en aquella región costera africana donde el control gubernamental es permeable o simplemente no existe. Razón por la que las costas de Libia son el principal puerto de embarque de todos aquellos que suspiran con El Dorado europeo. La política de inmigración de Europa es un bochorno y se nos debería caer la cara de vergüenza. Simple. Sobornar y untar a dirigentes de Mauritania y Senegal para que estos empleen la mano dura y eviten la salida de embarcaciones a Canarias. Esta es la razón primordial por la que ya no nos llegan cayucos a las Islas; ya volverán tan pronto se baje la guardia. No obstante y viendo el cariz de estado fallido en el que se torna Libia, me temo que durante mucho tiempo serán sus playas el destino final de la aventura inicial de muchos subsaharianos previamente a cruzar el Mediterráneo.

El último grito en inmigración ilegal ha sido el renacer del viejo oficio de la trata. Las costas africanas son el hogar de cientos de barcos sub-estándar que navegan en condiciones límites y que tienen prohibido recalar a las aguas comunitarias. Situación molesta si investigamos un poco; pues en su mayoría se trata de pesqueros y pequeños mercantes detrás de cuyos folios de registro hay armadores europeos. Nada nuevo en la pocilga moral. Una flota de herrumbre que incomprensiblemente [administrativamente] existe para la OMI (Organización Marítima Internacional) y en la que las mafias han puesto sus ojos para embarcar personas cual corderos. Con lo acontecido en las costas italianas, el uso de buques abanderados dios sabe dónde y comprados por intermediarios ha saltado a la palestra. El Ezadeen, paradójicamente, se trata de un livestock. Una nave construida para llevar ganado. Sus tripulantes, último eslabón del crimen organizado, cuya cuerda, como siempre afirmo, acaba en Arabia Saudí: lo abandonaron con rumbo fijo a la costa de Italia donde, de no ser por la Guardia Costiera, habría embarrancado con las consiguientes consecuencias para sus desgraciados pasajeros.
*CENTRO DE ESTUDIOS AFRICANOS DE LA ULL.
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