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después del paréntesis >

Bikini blanco – Por Domingo-Luis Hernández

   

Ocurrió en el año 2009, y la noticia decía que la actriz Demi Moore acababa de descubrir que casarse con un hombre quince años más joven que ella tiene algunos inconvenientes. Eso aconteció, lágrimas de la susodicha incluidas, y depresión, y algún mal rollo añadido porque ella sí y él que no. Mi abuela resolutiva: quien se acuesta con niños siempre amanece mojada. Fue que el tal chiquillo la fotografió en paños menores y colgó la imagen en internet. El bien apuesto contrajo semejante acuerdo con la decencia mientras la chica le planchaba una camisa, para que se supiera quién era quién en esa casa.

La cuestión, pues, no es averiguar quién es el más tonto de los tontos, más bien es estar al tanto de si eso de la dignidad y de la discreción ya son noticias tan perdidas que incluso han de leerse como páginas oscuras de la Historia, cual si se tratara de vikingos, que (por cierto) no llevaban cuernos a la cabeza. Eso no. Lo que vale la pena investigar es qué encierra el frívolo y contundente mundo de los blog y de esas páginas que salen a nuestro encuentro. Digamos, el señor Kutcher tuvo la ocurrencia de retratar a la que fue su mujer en bragas y sujetador.

No está mal una artimaña así para, en su momento, sacar de la chistera el retrato y “mira”…, es decir, por esta estampa tú y yo nos vamos a divertir de lo lindo. Sujetador blanco y bragas blancas, clásicos, como los de toda la vida. Si se añade a ello el oficio de planchadora…, ¿quién da más? Trama íntima, nada que oponer, asunto de autobiografía cuando pasen los años, suspiro erótico que acaso el recuerdo no se resista a actualizar. Y no. Lo que ocurre es que el niño no usó esa argucia para sorprender, y confluir, y divertirse…; la utilizó para colgarla en la red. Lo cual quiere decir que en este mundo en el que vivimos lo privado no tiene sustento, no sirve para nada, ni como acicate del juego, ni como trampa…, vale lo público. Y en tanto el señor Christopher Ashton Kutcher vive por lo que el público paga, él es del público; al público le pertenece también la imagen de la que fue su mujer en paños menores.

El enfado de la señora Moore fue clamoroso; Kutcher hubo de excusarse ante su chica y ante el universo. Porque la cuestión no es hacerle caso a una amiga que me dice que si quiero saber lo que ocurre en el planeta, blog y esas pérfidas páginas digitales; la cuestión es reponer las posiciones. De manera que es posible que sin información no existamos, aunque tal como ahora se aduce no lo prueba la humanidad.

El dicho Ashton Kutcher y mi amiga Dulce Xerach creen que el presente es categórico y no es verdad. Los hombres somos por el peso de la letra. Demi Moore puesta así en la red no suprime semejante categoría. Además, lo vulgar y lo banal se repiten como los programas de la tele basura. Y tal cosa es lo que confunde la tensión del instante. El instante es lo que le da sentido a la pasión. Acaso por eso ese matrimonio no duró, porque un imbécil papanatas no sabe guardar en el cajón hasta el momento oportuno la imagen duradera de la amada. Para en una tarde fría, como la que nos asiste, invocar un bikini blanco y confirmar: delirio.