X
Sin pelos en las teclas >

Camino de la nada – Por Cecilio Urgoiti

   

Decía Máximo en uno de sus aceptados chistes, que son críticas sociales para nuestra reflexión, como la mayoría de estas reconocidas frases del humor, pero vamos al pensamiento: ¿Qué hemos hecho los españoles para merecer esto? Nada. Es que nuestra quietud nos ha ido acercando desde ese último “contrato social” que pactamos tras la Segunda Guerra Mundial, siguiendo los fundamentos de las revoluciones americana y francesa y llevándonos a un nuevo contrato mercantil, con unas condiciones leoninas. Es ahí, donde se nos ha abocado a un fracaso totalmente garantizado. Pues a los que nosotros hemos elegido para que dirijan esta vieja y resabiada nave que llamamos Occidente, parafraseando a José Luis Sampedro, en su obra La Senda del Drago, aunque incluyamos a Japón, que se encuentra en las antípodas de este Occidente.

Esa clase dirigente se ha revelado contra los electores y les han ido degradando el Estado de Bienestar, sin dejarles un atisbo de vida, tal como se pactó tras el desmantelamiento acaecido después de la Segunda Guerra Mundial y la implantación del keynesianismo, como solución viable y social a una paz que nunca fue ni verdadera, ni por supuesto viable. Cada año se generaba un conflicto o se abría una guerra que iba dando de comer al capitalismo y a esa clase que siempre ha vivido a escondidas de la realidad. La nueva filosofía política va alumbrando un paradigma que perfecciona al liberalismo hasta trasformarlo en un neoliberalismo donde el egoísmo, la mentira y la rapacería se convierten en la base y en el sustento de los que hoy nos gobiernan. La corriente que hasta ahora servía de alternativa, la socialdemocracia, en Europa donde había echado raíces y fundamentaba su razón de ser. Se ha disuelto, como un azucarillo en agua tibia. El socialismo no ha sabido conducir la nave y tan solo aguarda distraída, de qué forma o manera se engancha una nueva corriente y, mientras, vive dando tumbos y negando evidencias que hasta hace poco defendía como principio social.

A finales de los años 80, con todos los boatos caía el Muro de Berlín. Nuestro gozo en un pozo: lo que se había convertido en el mayor acto de libertad del siglo, se nos iba a convertir en un autentico quebradero de cabeza, en el que aún hoy no hemos dado con la solución. Todos los derechos de que gozaba la sociedad de Occidente se despedazan y así, se empiezan a perder a un acelerado ritmo, de tal manera que en el 2008 se impone una crisis que se llega a llamar de ciclo largo y en esas estamos, quedando, para mi bien entendido, que todo ha sido fruto del capital con un certero fin: por un lado hacer caja y, por el otro, esclavizar una sociedad que, con ese contrato mercantil que le han dejado sobre los despojos de su miseria, poco les servirá para remontar.

Y los cínicos a sueldo del capital hablan ahora de que la economía esta remontando y que habrá empleo para un millón de los hoy parados, sin decir que el salario solo da para la mitad del mes del contrato. A este ritmo todo y nada es nada. Algo habrá que hacer, ya que nada es lo que hacemos, por decir algo.