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El caso de la demolición legalizable… – Por Ramiro Cuende

   

Lo del aparcamiento subterráneo del proyecto de Perrault para Las Teresitas, que pretendía servir de paso -puente- a la playa y al noreste de la isla, del que no me cabe la menor duda que se gestionó mal por la cabezonería de unos, y que se montó peor por la avaricia de otros, es el caso palmario de la grumologitis aguda que vive Santa Cruz.

Hoy. Entre los políticos que no hacen política, ni crean riqueza, y dedican su tiempo a marcarse y a ganarse el votillo de los suyos, mientras alejan a la ciudadanía de las urnas y de la práctica de la política. Entre los que vociferan dale que dale, y los que callan, nada. El miedo al plataformismo justiciero y la modorra de la dejadez nos tienen al margen.

Fíjese; el alcalde Bermúdez quiere legalizarlo; su segundo, Martín, botarlo, ambos gobiernan en coalición. El uno: “El fallo nos da la opción de legalizar”; el dos: “Los instrumentos para legalizarlo son inexistentes”. Así, imposible. Días después, el arquitecto J. A. Domínguez Anadón pidió a la justicia que aclare por qué se dice que se edificó en suelo no urbanizable cuando no es así. Es el redactor del PGOU de 1992, algo sabrá. Una cosa es respetar la sentencia y otra cerrar los ojos a la realidad, insistió en que hay que aclarar dicha cuestión, de haber importantes errores de carácter técnico, los jueces deben decir si la sentencia es firme o la reconsideran ¡Lógico! ¿No? Antes, Eligio Hernández: “Se ha dictado la ejecución de sentencia cuando no era firme”. A. D. le preguntaba: ¿Se refiere a la llamada “judicialización” de la política o criminalización de la vida pública? “Efectivamente”. Faltó poco, llevaba un tiempo echado, pero no pudo más, Felipe Campos saltó a denunciar las “delirantes” opiniones de los arquitectos: “Es una campaña indecente, lamentable y supone un ataque permanente al Estado de Derecho”, dictó Campos el Sentenciador. ¡Toma! Pocos días después demarró otra vez Martín, consideró una “auténtica locura” las críticas de los arquitectos a las ¿erradas? sentencias. La justicia está siendo otra instancia del juego democrático, con el riesgo de que se politice y se envuelva en los conflictos políticos. ¡Que lo derriben, sangre, prisión…, aunque sea legalizable! Vociferan. Si hubiera hecho algo en la vida, sabría lo que cuesta. ¿Qué esconderá tanto deseo de ajusticiar a todo lo que se mueve en Tenerife? Todo dios roba menos los custodios de la moralina. ¡Increíble! Hagan algo y juzguen menos.