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Catalunya – Por Cecilio Urgoiti

   

La lucha catalana no es de hoy. Ha tenido sus altos y bajos, sus seguidores y sus detractores, como ha de ser en cualquier sociedad que se precie, máxime cuando está preñada de una larga historia. Historia en forma, por poner un ejemplo, de consejo, como lo avala el antiguo Consejo de Cientos o, en catalán, Consell de Cent, que fue el gobierno de la ciudad de Barcelona entre los siglos XIII y XVIII. El número inicial de miembros quedó fijado en cien, aunque la cifra de jurados de la asamblea fue aumentando a lo largo del tiempo. Dijo Ortega y Gasset que “el problema catalán no se puede resolver, solo se puede conllevar”. Dicho quedó en las Cortes Españolas el 13 de mayo de 1932, y a las pruebas históricas me remito, pues no considero que hayamos evolucionado mucho al respecto. La expresión de entonces tiene fondo suficiente. Permítanme que la cite tal como se sentenció en las Cortes Republicanas de la época: “Yo sostengo, que el problema catalán, como todos los parejos a él, que han existido y existen en otras naciones, es un problema que no se puede resolver, que solo se puede conllevar, y al decir esto, conste que significo con ello, no solo que los demás españoles tenemos que conllevarnos con los catalanes, sino que los catalanes también tienen que conllevarse con los demás españoles”. Los catalanes en su mayoría nunca se van a conformar con un “conllevar”. Siempre darán un paso más, hacia adelante, en busca de su ansiada independencia. Esto no es un capricho pasajero, esa independencia ya forma parte de su idiosincrasia. Vamos, que es parte de ser y sentir catalán, con las exenciones que toda sociedad plural comporta. También quiero recordar otra frase del mismo Ortega, que decía: “España es una cosa hecha por Castilla”.

Pues bien, algo de verdad tiene y es que cuando se quiere defender en esta nuestra tierra la unidad nacional, los partidos de corte más a la derecha van a Castilla como centro de la unidad y, lo cierto es, que la unidad es el todo y el núcleo es una parte, importante pero eso, una parte. Desde Castilla cuando se refieren al resto hablan de la periferia. Ellos se atribuyen lo fundamental que es el centro y, por consiguiente, la equidistancia del todo. Ocurren estas manifestaciones en la mayoría de los seres que se encuentran en uso de su verdad, como principio. Por tanto, esto es propio de los gobiernos centralistas, como el que nos ha tocado aguantar o, si les parece bien, digerir. “Donde mora la libertad, allá está mi patria”, manifestaba Benjamín Franklin. Esta frase nos dice claramente que debemos deponer todos los intereses partidistas para pensar solamente en los intereses supremos de la patria. La patria no es bandera, ni es himno, ni es cantinela. La patria es el espíritu creador de un pueblo luchador, es sentido de compromiso social, es respeto a la razón y es pasión por la libertad. Os dejo con unas palabras de Rabindranath Tagore: “La patria no es la tierra. Los hombres que la tierra nutre son la patria”.