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La ceguera no es justa

   

La representación iconográfica de la Justicia la dibuja ciega para significar su ecuanimidad, su obligación de tratar a todos por igual sin distinguir a unos de otros. Lo que es un atributo deseable y necesario en las sociedades democráticas se torna en defecto si esa ceguera incluye también la no asunción de los propios errores y la incapacidad para corregir decisiones que se descubren incorrectas y, sobre todo, injustas. A veces se olvida que la Justicia no es perfecta porque la imparten seres humanos que, amén de regirse por unas leyes que mutan en la medida que (in)evolucionan las sociedades, yerran y, en ocasiones, construyen argumentos en torno a sus creencias, convicciones, filias y fobias. Querer cubrir con el manto blanco de la pulcritud a abogados, jueces o fiscales es de necios y atribuirle a la Justicia la infalibilidad de unos dioses es, por el contrario, cultivar la mayor de las injusticias para los que se someten a ella. De hecho, se crean mecanismos para salvaguardar a los enjuiciados a través de recursos y medidas que permitan, ante todo, proteger sus libertades. A lo largo de esta semana, en DIARIO DE AVISOS hemos venido dando cuenta de los numerosos interrogantes que hay alrededor de la sentencia del llamado caso Mamotreto, que ha condenado a penas de prisión a políticos y funcionarios. A la palestra han salido varios expertos para alertar de que en la sentencia -tanto en primera como en segunda instancia- hay graves errores inducidos por importantes fallos en los criterios técnicos que soportan los argumentos tanto de la acusación de la Fiscalía como de la jueza que decretó el fallo condenatorio. De hecho, al bucear tanto en el proceso como en los argumentos que sostienen las defensas se atisban cuestiones muy llamativas que ponen en duda muchas de las decisiones adoptadas hasta ahora por la Justicia en este asunto. Es más, las informaciones aparecidas -y las que quedan por salir a la luz pública- han llamado la atención de altas instancias de la judicatura que desconocían los pormenores de lo acontecido en el caso Mamotreto y que, ahora, se han interesado para responder a diversos de esos interrogantes alrededor de la causa y, sobre todo, para que esa venda que ciega a la imagen de la Justicia no sea, de nuevo, la excusa para una injusticia.