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DESDE LA ÓPTICA >

A Cervera le gustó – Por Javier Rabanal

   

Llegaba el bueno de Álvaro Cervera a la sala de prensa sabiendo exactamente por lo que le iban a preguntar y de qué manera. Había estado viendo desde el banquillo lo que todos pudimos ver a través de la televisión o en el estadio. Y lo que vio fue un partido que ya apestaba a empate a cero por mucho que los de Anquela (también denominado Anquelotti) se hubieran afanado en empatar a seis tantos algún compromiso anterior. Algunos lo llamarán centrocampismo, otros partido táctico, pero lo que a todos nos ronda por la cabeza es llamarlo aburrimiento.

Me recordó el de ayer al partido de Alcorcón cuyo resultado pudieron leer como válido por el que escribe estas líneas. Pues bien, lo de ayer no hay quién lo justifique. Y entonces salen a relucir las carencias. Con un portero debutante que apenas tuvo trabajo y una pareja de centrales cumplidora (Jorge es un valor correctísimo en sus labores), de ahí hacia delante uno no sabe a qué agarrarse. Los laterales no ofrecen gran cosa de cara a la portería contraria. Uno por jugar a pierna cambiada (no es que la otra pierna sea mucho mejor) y el otro porque debió aprender a centrar viendo vídeos del gran Álvaro Arbeloa. El mediocampo lo habitan dos y a veces hasta tres mediocentros donde el que puede dar las pinceladas de creatividad no pasa en estos días por su mejor momento. Sin él, los otros dos son cumplidores y vieron tiempos mejores (uno de ellos no fue titular). La banda, porque solo tenemos una, se llama Suso Santana.

El de Taco corre cada día más y peor, pero por lo menos lo intenta incansablemente ante la falta de compañeros con los que asociarse. Y arriba juega un señor que cuando no tiene el día es inútil esperar que alguien saque las castañas del fuego. Balón parado ofensivo lo dejamos para septiembre y así lo preparamos mejor. Aún así, y viendo que esto no funciona, las variantes siguen siendo pocas. Cristo Martín había desaparecido y por tanto ahora habrá que esperar por él y Guarrotxena se ve que sólo cuenta para diez minutos (otro éxito del mercado veraniego entonces). Aridane ya no cuenta ni para eso. El partido no moría sino que mataba. Mataba a una afición a la cual la clasificación no atrae y el peligro de descenso ya no moviliza por ser una experiencia reciente. En las radios muchos mandan mensajes diciendo que no van al estadio porque están en el paro pero si lees las redes sociales te encuentras a los mismos o más diciendo que hace tiempo que no van porque lo que ven no les gusta.
A Cervera lo que vio, le gustó. A Anquela ya, ni te digo.