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¡Chacho, relájense! – Por Paco Déniz

   

Todo el mundo sabe que el umbral del cambio social viene caracterizado por crisis sociales, económicas o político-institucionales, hartazgo ciudadano y generacional, acontecimientos de envergadura, presión de movimientos emergentes, división en las élites y crisis de modelos de Estado, etc. Estos elementos normalmente no coinciden en el tiempo, por eso la revolución es una rareza sociológica. Ocurre muy de cuando en cuando, y cuando se da, es porque coinciden en el tiempo varios de los elementos citados. Hoy podríamos afirmar que hay una conjunción de fenómenos que apuntan hacia un cambio de rumbo, si no radical, sí significativo. También es sabido que, normalmente, cuando dichas crisis suceden, poco tuvieron que ver los movimientos críticos, y mucho los errores de los diferentes poderes que hegemonizan y, por lo tanto, dirigen moral y políticamente a una sociedad. Pero he ahí que las oportunidades que brindan las crisis son aprovechadas por los opositores para generar el anhelado cambio. Pues bien, si admitimos que ese escenario propiciatorio de un cambio se está conjuntando como el alineamiento de los planetas, hemos de admitir que quienes deseamos el cambio debemos estar preparados para ello, pues una cosa es que se produzca un vuelco a la situación política y otra, bien diferente, es gestionar las reivindicaciones que nos han llevado a todos hasta aquí. Por ello entiendo que da vergüenza ajena el fuego “amigo” cruzado que existe en una parte poco hospitalaria de la izquierda que no termina de asumir que, para el cambio que se avecina, hacemos falta absolutamente todas las personas dispuestas a llevarlo a cabo. Si ya tenemos enfrente a toda la derecha y las élites bombardeando suciamente el camino hacia la regeneración, actitud por lo demás lógica y previsible, si sabemos que esas élites de hoy intentarán bloquear cualquier cambio social igualitario del mañana, y nos harán la vida imposible, deberían los promotores del cambio tener un sentido de la estrategia política, mirar hacia adelante por encima de las cabezas de la gente, y discernir lo que queda por recorrer para llegar a la entrada del camino. Así que, en las trincheras de la izquierda social debería cesar el fuego cruzado y virar las escopetas hacia otro lado. Es verdad que los cambios se nutren con lo nuevo y algo de lo viejo, pero sin una alianza social amplia y una capacidad política firme y potente… Pues eso.