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‘Charlie Hebdo’ – Por Luis Ortega

   

Bajo este nombre hay una revista humorística y el recuerdo de una masacre cometida en Francia como muestra de un poder salvaje, resuelto a imponer por el terror un orden viejo que no admite derechos y extermina disidencias. Esa deriva sangrienta, representada por Al Qaeda y Estado Islámico, que se ampara en la injusticia y la violencia, afrenta tanto a la inteligencia que, como excusa, invoca con frecuencia rancios códigos y con mentira cualquier apelativo de Dios. Nadie con criterio libre debe admitir que las acciones criminales que, en la segunda semana de enero, sacudieron el corazón de París y conmovieron las conciencias de todo el mundo tuvieron inspiración o motivación religiosa. Esa es una falacia que, desde Los versos satánicos de Salman Rushdie, en 1988, se emplea como cínica eximente para perpetrar crímenes abominables, aprovechando en muchos casos el fanatismo que, con exceso, sin formación y con hambre, llega a la patología. La difusión de caricaturas de Mahoma fue el motivo que invocaron los hermanos Kouachi que, con fusiles kaláshnikov en ristre, asaltaron la publicación, situada en el bulevar Richard Lenoir y, durante diez minutos, dispararon sin piedad contra redactores, dibujantes y guardias de seguridad que cumplían servicio ante las continuas amenazas yihadistas. Mientras, otro lacayo del terror, secuestraba a los empleados y clientes de un supermercado judío con los mismos propósitos. El balance es 17 muertos inocentes y tres terroristas abatidos. A los criminales les resulta más gratificante verter la sangre ajena como venganzas a supuestas ofensas a la divinidad o a su credo que reconocer la desnuda realidad de sus actos sin causa y sin honor. La contundencia policial que, en unas horas, acabó con los asesinos, las muestras de solidaridad nacional e internacional y la cumbre política celebrada en París -para encabezar la manifestación de repulsa y arbitrar políticas y coordinar servicios de inteligencia y medios para luchar contra las peores amenazas del mundo occidental- trajeron tranquilidad a los ánimos consternados de los franceses y los europeos en general. En todo caso, nadie debe caer en el engaño de tratar la larga y grave relación de crímenes múltiples y premeditados -desde las Torres Gemelas, a las matanzas de Madrid y Londres- como guerras de religión. Alá no está en esas horrendas miserias humanas.