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Cuando el amor se transforma pero no acaba – Por Tamara de la Rosa

   

Son muchos los motivos por los que se puede poner fin a una relación: “Ya no es quien era”, “me fue infiel”, “estoy empezando a sentir por otra persona”. Pero el más frecuente es el fin del amor por parte de uno de los miembros de la relación. Lo cierto, es que nunca, lo que sentimos al inicio de una historia, perdura de por vida. Cuando nos aventuramos a comenzar una relación entramos en la etapa de enamoramiento. En esta etapa predomina una gran atracción sexual, pasión, ilusión de permanencia, exclusividad radical, corremos riesgos irracionales y sobretodo la idealización del otro. Desarrollamos la “visión túnel”: solo vemos lo bueno del otro y, justificamos o disfrazamos sus defectos. Tu cerebro pone toda tu atención en lo que te interesa, en lo que te confirma que es una persona maravillosa y desatiende toda la información que te dice que no es tanta la perfección. Llegamos a distorsionar la realidad, proyectando una imagen idealizada de nuestra pareja. ¿Y por qué nos pasa esto? Pues muy simple y además, curioso. En el enamoramiento segregamos una serie de hormonas que promueve al contacto físico y provoca el comportarnos de esta manera. Pero esta etapa pasa. Hagamos lo que hagamos, este subidón hormonal dura entre 18 y 30 meses y luego, no es que pasemos del éxtasis a la depresión, sino que la euforia inicial se modera. La montaña rusa se endereza y baja la velocidad y, justo este descenso de emociones, a muchas personas, le produce una profunda decepción, echando de menos ese estado febril de enamoramiento, prefiriendo empezar de nuevo con la necesidad de sentir esa carga hormonal. Nos hacemos adictos al amor, a la pasión, a las sensaciones que genera el romance fogoso. Justo por esto, son muchas las personas que van saltando de relación en relación buscando esta lluvia de emociones hasta que el enamoramiento se acaba. También es muy común que al tercer año de relación, coincidiendo con el fin de la etapa de enamoramiento, haya una crisis donde aparecen dudas y decepciones. La carga hormonal disminuye y empiezas a ver a tu pareja con objetividad y si en todo este tiempo nos has alimentado la relación con pilares tales como la confianza, la buena comunicación, intereses e ilusiones comunes, respeto y calidad sexual entre otros, lo normal es que la relación termine por romperse. Al desaparecer esta pasión desmesurada y muchas veces, un tanto obsesiva, la persona siente tristeza, angustia, depresión, ansiedad ya que, no quiere abandonar a su pareja pero interpretan, la disminución de intensidad en las emociones, como el final del amor cuando, si cuidamos el resto de pilares esenciales para la relación, el amor no tiene por que acabar. Solo se transforma. La realidad es que, pasamos del enamoramiento al amor real. Un amor relajado. Un amor pensado, racional y menos efusivo. No es que el amor desaparezca sino que, se ama de otra manera, mas tranquila y serena. Se transforma, pero no se acaba. Películas, novelas, cuentos, nos venden el amor apasionado como el único pilar de una pareja cuando tras la etapa de enamoramiento, la pareja puede disfrutar del amor romántico. Importante recalcar que, si en el enamoramiento todo es sentir, para que el amor romántico funcione, hay que sentir, trabajar y sobre todo cuidar la comunicación (problema mas común en las rupturas de pareja). No solo hay que hablar de lo cotidiano sino de lo que sentimos y cómo nos hace sentir el otro (bueno y malo). Cuando se llega a la infidelidad es que hace tiempo que existe un problema de comunicación. Recuerda: no necesitas enloquecer y perder la razón para estar enamorado. Eso solo es enamoramiento. Amar es mezclar sentimiento y razón. Cierto es que cuando el amor se acaba, debemos romper la relación. Sin sentirnos culpables ni fracasados pero no debemos olvidar que el enamoramiento y el amor son dos conceptos diferentes. Se puede acabar el enamoramiento pero no el amor.

*PSICÓLOGA
tamaraconsulta@gmail.com