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Debate sobre AENA – Por Leopoldo Fernández

   

Se ha abierto un encendido debate sobre la privatización del 49% del capital de AENA y de nuevo algunos políticos han destapado la caja de los truenos augurando todo tipo de males para Canarias si la operación se consuma. Los ocho aeropuertos de esta tierra son muy importantes bajo el punto de vista económico y estratégico y sería deseable que la comunidad autónoma participe en su gestión o, al menos, esté presente en los órganos de dirección de AENA, como ha logrado Baleares. Pero presentar dos recursos ante el Tribunal Supremo para impedir la consumación del acto privatizador y, como medida cautelar, tratar de suspenderlo, me parece un nuevo y grave error político. Se equivoca el Gobierno canario al judicializar un asunto más claro que el agua clara: el Estatuto de Autonomía dice que corresponde a la comunidad autónoma la competencia y gestión de “puertos y aeropuertos de interés general cuando el Estado no se reserve su gestión directa”. Pero no es el caso: en el proceso privatizador, el Estado, además de mantener el 51% del capital y el carácter público de AENA, no hace dejación de sus actuales funciones; conserva la gestión -en todo caso, cambia el modo de realizarla- y su plena capacidad para decidir los servicios, los precios, las obras, las tasas y las normas que han de regir la operatividad de los 47 aeropuertos españoles. Si existe un marco regulatorio claro y se despejan algunas incógnitas de tono menor, no veo a qué viene tanto temor a la privatización parcial de AENA cuando la mayoría de los grandes aeropuertos occidentales están gestionados por empresas privadas que han demostrado su eficiencia al lograr un mejor funcionamiento de los mismos a costes competitivos. No creo que ningún Gobierno autonómico esté más capacitado que AENA para gestionar los aeropuertos, teniendo en cuenta que se trata del mayor grupo aeroportuario mundial, ya que gestiona 66 aeródromos de una decena de países por los que transitan 250 millones de pasajeros al año. Lo que pasa es que el Ejecutivo autonómico no se entiende con el central y es incapaz de mejorar las relaciones con Madrid; por el contrario, las empeora cada día que pasa o se olvida de hacer sus deberes. Porque la privatización de AENA no es cosa de hoy ya que la preparó el Gobierno de Zapatero.