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Fanatismos de un lado y de otro – Por Andrés Expósito*

   

El fundamentalismo islámico parece en auge en Europa, en una sociedad actual, desordenada e inmersa en una crisis económica, moral y de derechos amputados, donde las causas religiosas acaparan una y otra vez a cientos de seguidores, que no dudan en dejarlo todo y embaucarse en proyectos y destinos sangrantes y apocalípticos, acogidos y enarbolando dichas causas. El atentado sufrido en Francia muestra la horrenda ceguera de dichas ideologías, y la facilidad con que, lamentablemente, muchos de sus seguidores elevan la causa del fanatismo y pasan a ser protagonistas con la exclusiva intención de ser alagados, alabados y aplaudidos dentro de la organización religiosa a la que pertenecen. El miedo es la inaugural y radical idea que exhiben y difunden, y por ello no tienen reparos ni miramiento alguno en desgarrar y poner al servicio de la causalidad sus propias vidas, y eso han demostrado como en otras ocasiones también otros, los terroristas religiosos en los pasados días en el atentado a la revista Charlie Hebdo. En ningún caso la permisividad y la excusa pueden sostener esas acciones, aunque algunos con sus opiniones en estos días se empeñen en ello, quizás también en busca de protagonismos ideológicos o políticos. De sobra es conocido y reconocido que la revista Charlie Hebdo no es precisamente una entidad respetuosa con los ideales y pensamientos de otros, que le sobra algo de barbarie en la tonalidad y semblante de sus viñetas, pero la libertad y la expresión de nuestras nociones existenciales y pensamientos o posibles ideologías, no puede acercarse y refutarse al asesinato y a victimas sangrantes desparramadas por calles y edificios. A raíz de todo esto, del exhibicionismo ideológico y apocalíptico de los terroristas con gritos a un dios y una religión, que con toda seguridad y ya dictada por otros feligreses y seguidores nada tiene que ver con sus escrituras y dictados, traerá de manera penosa y también sangrante, la excusa para el otro fanatismo, la actitud de despreciar, desahuciar y aborrecer a sencillas y tranquilas personas, familias, inmigrantes en suma cuenta que solo desean encontrar un lugar donde establecerse y residir en sociedad. La barbarie presenta muchas formas, y los fanáticos no solo se disfrazan y erigen en una sola manera, pero parece que solo el agresor es violento, sin embargo, quien se defiende y en su acción forja otra ideología fanática de repulsa sistemática y generalizada, y agrede moral y físicamente a inocentes, ocupa el mismo estatus de violencia, exclama y segrega la misma despreciable condición que los terroristas del atentado de Francia. Este fanatismo de un lado y de otro, parece supurar en Europa en la actualidad, y lo hace de una manera creciente y peligrosa, nada parece estar a salvo, nadie parece encontrarse libre de una u otra causa. Los lápices en alto y las manifestaciones en todo el mundo contra el atentado esbozan una loable y plausible actitud para contrarrestar y repudiar al miedo, y a toda posibilidad de arrodillarse, pero no nos olvidemos ni sirvamos de semilla del otro fanatismo, del que soterrado y sin armas aludiendo a su propia defensa y seguridad, se erige y también proyecta miedo a inocentes inmigrantes. Cada cual debe decidir y erigir sus propios conceptos e ideas y lugares en los que regir su vida, y en ello, es bueno recordar, de vez en cuando, lo que Don Quijote dijo a Sancho Panza: “La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre”.

*Escritor