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El genio de la botella – Por Fermín Bocos

   

Pese a que de momento el éxito de Podemos es de carácter virtual -va por delante en la encuestas-, pero no se sabe sí de aquí al 24 de mayo, fecha de la elecciones autonómicas y municipales, podrá articular candidaturas en todas las circunscripciones, este partido está protagonizando un fenómeno inédito en la política española: ser la piedra de toque del discurso del resto de las fuerzas con representación parlamentaria. Entre la izquierda (PSOE e IU), por decirlo con el lenguaje de los comentaristas deportivos, porque barruntan que los chicos del equipo morado van camino de robarles la cartera. En el caso de IU, incluso algo más. Desde el PP, algunos de cuyos medios televisivos afines han hecho populares a los líderes de Podemos, confían en que el miedo al ascenso del partido de Pablo Iglesias actúe de revulsivo y movilice a los votantes tradicionales del PP muy cabreados con las políticas y olvidos de Mariano Rajoy. Entre los nacionalistas (catalanes y vascos), la pujanza demoscópica de Podemos les ha metido el miedo en el cuerpo. En el caso de Cataluña, acostumbrados como estaban a la compañía de una izquierda pastueña abducida por el discurso pancatalanista construido por la burguesía catalana para preservar sus intereses de clase, la irrupción de un partido que no considera prioritaria “la cuestión soberanista” les ha descolocado. En la lógica maniquea de los separatistas ya le han colocado a Podemos la etiqueta de “españolista”, un señalamiento, que, tengo para mí, a los dirigentes de este partido les trae sin cuidado.

El caso es que se mire por donde se mire, Podemos no solo no deja indiferente a nadie sino que, pese a su precaria existencia -llevan menos de un año en el ruedo ibérico- es una fuerza reactiva. Obliga a los demás partidos a tomar distancia o posiciones. A los partidos de izquierdas les está marcando el discurso político obligándoles a definirse o a distanciarse respecto de sus propuestas. Al PSOE, pese a sus ciento y pico de años de historia, el efecto Pablo Iglesias le ha comido parte de la novedad y el impulso político renovador que aparejaba el estrenado liderazgo de Pedro Sánchez obligándoles, como digo, a establecer diferencias y coincidencias. En el caso de IU, el resultado de esa imantación es patético, porque si se escucha Alberto Garzón, su joven líder emergente, cuesta separar lo que dice de lo que se le ha podido oír a Pablo Iglesias. Bien es cierto que IU lleva años diciendo cosas parecidas. Para Mariano Rajoy y para Pedro Arriola, su gurú de cabecera, la esperanza parece cifrada en que Podemos actúe como vacuna contra el desencanto y el posible abstencionismo de los votantes populares que apuntan algunas encuestas. Ante este panorama resulta evocador el famoso cuento del genio de la botella. Atentos, pues, a la pantalla.