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Hermógenes Lorenzo González – Por Cipriano Lorenzo

   

He asistido a tu despedida. Te fuiste con la misma elegancia que siempre caracterizó tu vida. Causas nobles de entrega a los demás contaban con tu colaboración, aunque tu mejor obra de amor la llevaste a cabo con tu esposo, Diego Palenzuela, año tras año con sus días y sus noches. Su delicada salud requería tu plena dedicación, titánica entrega. Así hasta el final de su vida. Insisto, el mejor ejemplo de amor y servicio que he visto. Tus hijos, Yanira y Diego, cogiendo el testigo, han sabido imitarte. Siempre hicieron lo imposible para que nada te faltara. Los últimos años de tu vida los viviste rodeada de su cariño y atención, como deben vivir y morir los ancianos, en su entorno, rodeado de sus cosas, sus recuerdos más queridos y el amor de los suyos.

Querida prima, quiero decirte una vez más que eras para mí la maestra necesaria, por experiencia, por la información que poseías de nuestra familia, valiosísima información para entender nuestras vidas. Tuvimos algún desacuerdo, necesario y tan propio entre dos seres humanos en continua evolución.

Te voy echar de menos, tu saludo desde el balcón con beso volado incluido y tu “vuelve otro día” cuando te visitaba me hacían sentir que yo te importaba y esa sensación que me producías de unión familiar tan necesaria e imprescindible en este mundo, que de materialismo va sobrado.
Gracias, queridísima Hermógenes. Te deseo una feliz evolución en el amor.