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La ilusión del futuro – Por Ana Oramas

   

Que apenas el 1,6% de los ciudadanos crea que la situación económica en nuestro país es mejor que hace un año refleja el abismo que existe entre lo que se percibe en la calle y lo que nos trata de vender sin éxito el Gobierno del Partido Popular. Ni siquiera una evidencia tan clara como la que refleja la última encuesta del CIS sirve para que sus dirigentes abandonen el pedestal en el que se han instalado en los últimos años y acepten que la realidad se construye asumiendo los hechos y no disfrazando los mismos con cifras que no son creíbles.

Sonroja ver cómo en su constante huida hacia adelante hayan optado, forzados por la cercanía de las elecciones municipales y autonómicas, por hacernos creer que la crisis ya es historia o, por ejemplo, que todas las promesas que realizaron en 2011 se han cumplido escrupulosamente. Ni autocrítica ni un ejercicio de diálogo y debate con las fuerzas políticas, agentes sociales y colectivos ciudadanos para no perder ni un segundo más en el ejercicio que todo país debe realizar si quiere avanzar con firmeza y no solo con tímidos pasos que, paradójicamente, tan solo perciben en sus ejercicios contables aquellos que más tienen. Los buenos gobernantes son aquellos que tienen un proyecto de futuro, aquellos que, más allá del presente, tienen visión sobre el espacio que anhelan construir. El control del monopolio del Boletín Oficial del Estado para cercenar derechos, establecer atajos o impulsar políticas para obtener resultados cortoplacistas no son suficientes ni deseables para un país que, más allá del presente, debe ser capaz de articular un proyecto común que sirva para crear un tejido empresarial más sólido y una arquitectura social más justa y equilibrada. Sin embargo, en estos últimos tres años hemos asistido a un proceso político marcado por el atrincheramiento del presidente y de sus ministros en sus respectivos despachos, desde los que han trazado sus políticas con una frialdad inquietante y una insensibilidad indeseable en tiempos en los que los ciudadanos esperan mucho más cercanía por parte de aquellos que les representan y que, en gran medida, tienen en su mano la posibilidad de apaciguar el dolor que muchos sufren.

Nunca antes nos habíamos enfrentado a un escenario tan cambiante en nuestra democracia. El incumplimiento de promesas ha avivado la desafección política y, en los próximos meses, se celebrarán procesos electorales en los que, previsiblemente, se registrará un importante cambio en la composición de los Parlamentos y en la gobernabilidad de las administraciones locales. Es un proceso que vamos a afrontar con la certeza de que los cambios que se avecinan contribuirán a fortalecer la estructura democrática y a cerrar las heridas que ha provocado un creciente distanciamiento entre ciudadanos y representantes políticos. Y ese cambio se debe afrontar dando la cara, siendo parte activa en la toma de decisiones, en la búsqueda de soluciones, y no aferrándose a un modelo político obsoleto y caduco. Frente a aquellos que se empeñan en vivir de las rentas, nosotros volveremos a presentarnos ante los ciudadanos con un proyecto ilusionante. Un proyecto en el que no habrá cantos de sirena, pero sí mucha responsabilidad, muchas ganas de seguir trabajando por el futuro de Canarias y mucha autocrítica. Frente a aquellos que viven en una burbuja y se niegan a escuchar lo que reclaman los ciudadanos, nosotros plantearemos foros abiertos para garantizar el enriquecimiento del programa que plantearemos para los próximos años. Tenemos ante nosotros el reto de generar un nuevo sueño a través de un proyecto político que sea capaz de reinventarse y volver a generar ilusión, empatizar con la población y explicar nuestro ideario en reuniones abiertas, o en las redes sociales. La gente está harta de escuchar, quieren hablar. Nosotros estaremos ahí, como siempre, para avanzar juntos en esta nueva y apasionante etapa política y social.

*Diputada de Coalición canaria